Algo más sobre la relación entre Mozart y Martín i Soler

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Presento a continuación la primera parte de un artículo de 2008 sobre la relación entre Mozart y el valenciano Vicente Martín y Soler. Puede leer la segunda parte haciendo click aquí.

 

Quisiera, en este breve escrito, dejar constancia de una segunda cita que Mozart dedica a Martín y Soler, además de la conocida del segundo acto de Don Giovanni. Me aventuraré asimismo en los posibles motivos que le animaron citar al valenciano en dos de sus obras más perfectas, como son el citado Don Giovanni y el Concierto para Clarinete.

De todos es conocida la cita a Martín y Soler que Mozart incluye en el argumento de Don Giovanni. Se puede ver aquí la cita de Mozart y el original de Soler  Bien cierto es, además, que la figura del valenciano fue olvidada durante mucho tiempo y que si su nombre nunca se borró de los archivos musicales se debe principalmente a que el salzburgués, por algún motivo no esclarecido, tuvo el detalle de colocar en su más sobresaliente ópera una cita músico-textual de Una cosa rara.

Teniendo en cuenta que el libretista de la ópera no es Mozart, sino Lorenzo Da Ponte, amigo y colaborador de Soler, podríamos sospechar que el compositor nada tuviera que ver con la inclusión de dicha cita y que ésta fuese idea del libretista, que se cita a sí mismo como autor del libreto de Cosa rara. Esta hipótesis perdería peso se si enmarcara en las disquisiciones estéticas de los músicos y filósofos ilustrados sobre la preeminencia de la música o del texto en la ópera: Mozart, con El Rapto en el Serrallo en proyecto, había escrito en una carta a su padre fechada el 13 de octubre de 1781 la célebre cita acerca de que en una ópera la poesía debe ser  hija obediente de la música, por lo que no tendría sentido que el compositor se plegara ante Da Ponte para incluir una cita tan descarada. Por tanto hemos de concluir como premisa básica que la famosa cita a Cosa Rara en el Don Giovanni fue idea del compositor o, si acaso, de ambos de forma consensuada. No resulta descabellado que Da Ponte quedase satisfecho con su autocita y que Mozart aprovechase para criticar la música de Martín y Soler. Siempre se ha dicho que esta cita posee un doble sentido: en primer lugar el de mostrar que la música de Martini “lo Spagnolo” estaba de moda en la Viena de aquel momento, más que cualquier otra, tanto que un criado como Leporello la reconoce en cuanto escucha los primeros acordes (Bravi! “Cosa rara!”). De esta manera es una de las partituras obligadas para “la orquesta de bolos” contratada por Don Giovanni. Y por otro lado, confirma la superioridad cultural del criado respecto al amo -que no parece reconocer las piezas que escucha-, como alguien con la suficiente cultura y educación para haber frecuentado los teatros de ópera de la ciudad puesto que no sólo reconoce la música de Soler, sino también las otras citas que suenan a continuación: la de Sarti (Fra i due litiganti) y la de Las bodas de Fígaro  (si la acción tiene lugar en España, donde estas óperas aún no habían sido estrenadas, ¿cómo podía Leporello conocerlas tan bien? De acuerdo con su “Catálogo” había vivido en Alemania, pero no en Austria -lo que no es exactamente lo mismo-. De acuerdo, signore Da Ponte, podemos aceptar que Leporello hubiera escuchado estas obras en Alemania-Austria).

Veamos cómo la enigmática respuesta de Leporello está totalmente abierta a la ironía. Dice Don Giovanni:

“Che ti par del bel concerto?” (¿Qué te parece este bello concierto?)

 A lo que responde el criado:

È conforme al vostro merto.

Una interpretación basada en la condición sumisa respecto al amo (la más simple), concluiría que Leporello simplemente se limita a contentarle como un empleado adulador. Sin embargo, el espectador, que conoce los pensamientos del criado, sabe que éste está siendo irónico en su respuesta.  Personalmente me inclino a pensar que los méritos de que habla Leporello no son dignos de alabanza (la baja condición moral de D. Giovanni), por lo que, en principio, parece que Mozart quiere desenmascarar la calidad inferior que para él posee la ópera de Soler, que en Viena gustaba más que las suyas propias. Conocemos el desdén con que, en algunos momentos de su vida, Mozart se complacía en tratar a algunos músicos mediocres. Véase la crueldad con que trata al trompista dedicatario del concierto K. 412 en las glosas textuales de la partitura, en las que no se recata en el insulto, para constatar que, detrás de esta cita pudiera esconderse todo lo contrario a un homenaje a nuestro valenciano. (Continuará)

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Enrique García Revilla. PhD.
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