El barbero de Sevilla, zarzuela en un acto.

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El barbero de Sevilla (1901)

Zarzuela en un acto con música de Gerónimo Giménez y Manuel Nieto. Libreto de Manuel Perrín y Miguel de Palacios.

Dir.: Javier Castro

Domingo, 17 de febrero de 2013. Forum Evolución Burgos

     Gerónimo Giménez (La Tempranica, El baile/La boda de Luis Alonso) está considerado como uno de los principales compositores de una generación que, bajo la influencia de Barbieri como mentor (Pan y toros), floreció en la época de la Restauración, junto a nombres como Chapí (La Revoltosa) y Bretón (La verbena de la Paloma),  Fernández Caballero (Gigantes y cabezudos), Arrieta (Marina) o, algo más joven, Amadeo Vives (La corte del Faraón). A esta misma generación pertenece, por descontado Manuel Nieto, el otro compositor de El barbero de Sevilla, menos ilustre que los anteriores, pero asimismo prolífico. Esta partitura es una obra realizada en colaboración de ambos autores aunque no es posible precisar hasta dónde alcanza la autoría de cada uno, pues figuran inseparablemente como Giménez y Nieto en la firma. Consiste en cinco números musicales, de los cuales, el cuarto contiene la romanza “Me llaman la primorosa” que se hizo célebre por sus características belcantistas y el virtuosismo vocal que permite exhibir por parte de la soprano ligera. Se encuentra escrita bajo la denominación de tiempo de polaca o polonesa y, efectivamente, muestra ese enérgico movimiento rítmico centroeuropeo, eso sí, dentro de una caracterización melódica inequívocamente española. A pesar de la notoriedad de este aria en el mundo de la lírica, (M. Caballé solía llevarla como propina), la zarzuela en sí permanece prácticamente en el olvido. La partitura fue editada por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales en 2006 y desde entonces, ha sido llevada a la escena en 2007 y 2010. Según Alberto Alonso, el final de esta zarzuela no ayuda a que las representaciones sean brillantes, pues no posee un final musical, que le otorgaría plenitud, sino simplemente teatral. Para la presente representación de carácter familiar, la OSBu tratará de solventar esta dificultad con un arreglo realizado por Antonio Martín, miembro de la orquesta, sobre música de Rossini.

La obra fue estrenada en 1901 en el madrileño Teatro de la Zarzuela. Su argumento se enmarca en el grupo de los que responden al concepto del teatro dentro del teatro, pues son sus personajes unos cantantes que ensayan su participación en una producción operística. La OSBu rescató hace dos años la partitura El maestro Campanone, de Vicente Lleó, que respondía a este mismo tipo argumental. El barbero es una comedia de enredo en torno a una representación de la ópera El Barbero de Sevilla, de Rossini, que tiene lugar en Burgos “en época actual”, según sus autores. De este modo, no es casualidad que Javier Castro y Alberto Alonso, directores artísticos de la OSBu, se hayan propuesto una nueva recuperación de la obra, por primera vez en la ciudad en que transcurre la acción, que incluye fragmentos rossininianos como la cavatina de Fígaro Largo al factotum o la célebre aria de la calumnia. Se trata de una nueva muestra del compromiso de la formación sinfónica burgalesa con nuestro género lírico.

La partitura consta de un solo acto dividido en tres cuadros. En el primero, los personajes se presentan y preparan su traslado a Burgos para debutar en la ópera. La soprano, Elena, ha de conseguir el permiso paterno para interpretar aquí el papel de Rosina. Ya en esta ciudad sucederá el resto de la acción, que posee varios finales en función de la trama interna de cada uno de los personajes. En unos casos se trata de un final feliz y en otros, lo será de escarnio. El padre, Don Nicolás, que se niega a que su hija cante ópera, tiene un lío con la prima donna y pretende encontrarse con ella en esta ciudad, pero tras varias situaciones de enredo, tendrá que afrontar el ser descubierto por toda la familia, al coincidir todos finalmente en el teatro burgalés.

 El barbero de Sevilla (o desventuras en torno a un ensayo de ópera en Burgos) es un ejemplo de lo que se conoce como género chico, es decir, zarzuela en un solo acto consistente en un puñado de números musicales entre los que se intercala un argumento hablado de carácter, generalmente, costumbrista y cotidiano. Nunca está de más recordar que no toda la zarzuela es género chico, sino que hay un tipo de “hermana mayor”, la zarzuela grande, que, con argumentos tanto cómicos como dramáticos, posee una extensión de dos o tres actos. Como el género chico resultó mucho más atractivo para el público, más consumible, se impuso al anterior durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Esto no implica que los compositores españoles rebajasen sus pretensiones artísticas como creadores, sino que muchos de ellos encontraron en este género lírico de consumo inmediato una forma de ganarse la vida en obras cuya composición les llevaría mucho menos tiempo que una ópera o una zarzuela grande. Autores españoles de primera fila como Chapí o Bretón, se volcaron sin complejos en nuestro género lírico nacional. Tal vez sea la posterior degeneración del género chico en el denominado género ínfimo, poseedor de argumentos y números musicales más groseros y más propios de revista, lo que trajo una generalización de cierta mala fama de todo lo que fuese zarzuela.

     Así pues, la zarzuela constituye, por un lado, una parte importantísima del legado cultural español y, por otro, la expresión del entretenimiento musical de nuestros antepasados. En ocasiones, ambos conceptos coexisten en una misma manifiestación. En otras… Si bien nuestros padres y abuelos aún guardan en su memoria fragmentos y personajes pertenecientes a diferentes zarzuelas, el género lleva varias décadas siendo víctima de  una discriminación mal entendida, hasta el punto de que la generación española de la democracia desconoce cualquier dato cultural al respecto. Desde aquí, no obstante, nos atrevemos a vaticinar un resurgimiento de la zarzuela que, tememos, ha de tener lugar a través de la conexión del mal gusto actual con la facilidad de audición del género zarzuelístico. Ante el crecimiento de un público que demanda un entretenimiento musical, que no es cultura aunque aquél está convencido de que sí lo es (pues las instituciones así lo reconocen), la práctica de la denominada fusión en música, es decir, el todo vale, ha de hacer surgir, de la mano de aquéllos que gustan por apuntarse a las modas, el gusto por el rescate de romanzas de zarzuelas travestidas de copla, nuevas músicas, folk… y, en fin, de todo lo que hoy se lleva en los ambientes culturetas (que no son culturales, sino manifestaciones para el ocio). Podría ocurrir, incluso (como mal menor), que el género resurgiese como resultado del gusto pasajero por lo retro o lo exótico. Tal vez entonces, la fugaz moda zarzuelera permita que algún poso de verdadera zarzuela quede en la sociedad del siglo XXI.

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Enrique García Revilla. PhD.
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