Capricho español, a Rimsky Korsakov (1908-2008). Sobre el origen de la obra.

Rimsky

Ilya Repin. Retrato del compositor, 1893. Museo ruso, San Petersburgo

 (This article is also available in English) El popular compositor de algunas de las más célebres páginas orquestales de la literatura sinfónica rusa falleció un 21 de junio cien años atrás. Su aspecto, que de no ser por su porte aristocrático, reseñaría como valleinclanesco debido a sus lentes anulares y larga barba, fue inmortalizado, entre otros, por el pintor Ilya Repin, retratista de rusos ilustres.

    Se encontraba en su primera madurez (había nacido en 1844) cuando pasados los cuarenta años estrenó su Capricho Español en el marco de los Conciertos Sinfónicos Rusos, instituidos por el mecenas Belaiev en el ámbito peterburgués. A este trabajo debe gran parte de su fama de excelente orquestador, fundamentalmente porque no cabe duda de que es ésta, de entre todas sus obras, la que más se toca hoy. Seguramente recordaba Rimsky mientras escuchaba la ovación del público  cómo se gestó la obra en cuestión dos décadas antes.

   Su hermano, veinte años mayor que él, era un importante comandante y director de escuela naval, en la órbita del mismo Alejandro II,  que intuyó un futuro más prometedor para el jovencito Nicolai bajo su tutela que en el azaroso mundo de los escenarios y los conservatorios. Así pues, tras un aprendizaje en su niñez en cierta medida autodidacta basado en el estudio de las obras de Glinka, Berlioz y Schumann y alguna mirada a Bach, comenzó a frecuentar, cuando su buque escuela volvía a puerto, las tertulias en las que Balakirev animaba a seguir las ideas de Glinka (compositor que asume el honor de  padre de la escuela musical rusa) según las cuales la música culta debe profundizar en el alma colectiva del pueblo mediante el reconocimiento y asunción del folklore musical nacional. En 1865 se embarcó, ya como oficial, rumbo a América a bordo de la fragata “Almas”, en un viaje que duraría un trienio. A su regreso debió recibir con excitación la noticia de una parada técnica de tres días en suelo español, concretamente en la costa asturiana. Rimsky conocía bien la “Jota aragonesa” y “Una noche en Madrid” de Glinka, frutos de una estancia del compositor en nuestro país y vio la oportunidad de empaparse bien del animado folklore español para emular, algún día, al gran maestro. No perdió el tiempo el joven oficial y se puso en contacto con el compositor y folklorista González del Valle, quien seguramente le ofreció buenos bocados del folklore asturiano. Es posible que se llevara a San Petersburgo una edición del recién publicado cancionero “Ecos de España”, de José Inzenga, del cual extraería varias de sus melodías para el Capricho, aunque también pudiera haber sido un pariente de González del Valle, que viajó como diplomático a Rusia quien se lo diera en persona. En cualquier caso, lo importante es que las melodías recogidas por Inzenga llegaron al poder de Rimsky Korsakov.

   De vuelta en su ciudad y ataviado con uniforme, pues la ordenanza imperial obligaba a vestirlo aun estando fuera de servicio, fue llamado a saludar al público en el estreno de su primera sinfonía, que había conseguido completar en alta mar siguiendo indicaciones de Balakirev, el gran mentor, quien tras dirigir el estreno en la Escuela Libre de Música, no dudó en considerarla “la primera sinfonía rusa”. Corría el año 1865 y las bases para una escuela musical rusa estaban establecidas. Casi por sorpresa, a Rimsky le fue ofrecida la cátedra de composición del Conservatorio de San Petersburgo. Sin duda, su habilidad para hilar melodías tradicionales en un entramado orquestal romántico volcado en el folklore (aunque lejano todavía de los colores que conquistaría unos años más tarde), llamó la atención del intuitivo director de dicho conservatorio. Con tal capacidad Rimsky disimulaba, mediante su talento y dicha habilidad, su desconocimiento de no pocos aspectos básicos del contrapunto y la armonía tradicionales. Él mismo reconoció que no daba más de sí una vez compuesta su primera ópera, La dama de Pskov, y que necesitaba aprender a dominar las técnicas de composición académicas. Sólo cuando se dio cuenta de que sus más aventajados alumnos, Glazunov entre ellos, podrían llegar a dejarle en evidencia se volcó en el estudio sistemático de fugas clásicas y de las formas germánicas. Pero entonces Borodin, Mussorgsky, Balakirev y Cesar Cui (sobre todo estos dos últimos, los más celosos con sus principios de música nacional), con los que constituyó en sus tertulias el llamado Puñado o Puño poderoso, que en occidente vinimos a simplificar antipoéticamente como grupo de Los Cinco, se le echaron encima por lo que ellos entendían como una traición a los principios del nacionalismo musical ruso. Contó, sin embargo con el apoyo de una personalidad de mente abierta como Tchaikovsky, quien pasaba por allí para dejar claro que la simbiosis personalizada en Rimsky Korsakov, entre la Escuela Libre de Balakirev (cuyo aprendizaje se basaba en el folklore) y el Conservatorio (el academicismo), catapultaría a la música rusa a lo más alto, más allá del terruño.

    De aquí en adelante su vida se jalona en etapas de las que supo sacar buen provecho. Se creó para él en 1873 el curioso cargo de Supervisor de las Bandas Militares de Rusia, tarea puramente musical que le liberaba, al fin, de la disciplina del ejército. Rimsky, haciendo buen caso de los consejos recibidos de Balakirev acerca de interesarse por las más variadas artes y disciplinas, se introdujo a fondo en las leyes físicas de los tubos acústicos ampliando exponencialmente su dominio sobre los instrumentos de viento y las posibilidades de éstos en orquesta y banda. El original concierto para trombón es fruto de esta época.

    Sus continuos viajes inspeccionando bandas por buena parte de la inmensa geografía presoviética le permitieron descubrir la inabarcable magnitud de su folkore y abrir sus composiciones a los cantos de la liturgia ortodoxa. Se encargó de recopilar sobre el terreno una colección de cantos populares rusos y de arreglarlos con acompañamiento de piano. Por otro lado, se afanó en recoger historias antiguas del pueblo ruso, varias de ellas en adaptaciones de Pushkin y Gogol para convertirlas en los libretos de sus quince óperas. Una vez dominada la técnica, el espíritu nacional tornaba a la primera línea de su obra. Balakirev volvió a sonreírle.

    Pero volvamos al Capricho Español. Nos encontramos de nuevo en 1887 con Rimsky componiendo para la Sociedad de Conciertos Rusos. Es la época de la suite Scheherezade, que concibe el suelo patrio como crisol de oriente y occidente, la Obertura de la Pascua Rusa, inspirada por las sensaciones recogidas en una iglesia ortodoxa, el Capricho Español (estrenado en San Petersburgo, el 31 de octubre de este año por la orquesta de la mencionada Sociedad de Conciertos) y las revisiones de Una noche en el Monte Pelado de Mussorgsky y de El Príncipe Igor de Borodin.

    De los cinco movimientos del Capricho Español, sólo el cuarto, basado en un canto gitano recogido por Inzenga en la sección relativa a Andalucía de Cantos y bailes populares de España, de 1878 suena inequívocamente español, debido a sus cadencias y escalas andaluzas. Los demás deben su raíz folklórica al empleo de melodías asturianas y, salvo aquellos que conocen bien dichas melodías, la verdad es que un músico cualquiera, burgalés, australiano o argentino no lo reconocería como típicamente español. Los movimientos primero y tercero recogen una alborada para gaita asturiana, que expresa el optimismo de la salida del sol tras la noche de bodas. Alrededor de la hoguera de San Juan se canta en Asturias la Danza Prima, perfectamente reconocible en el segundo movimiento. La obra concluye con una estilización del Fandango Asturiano, también para gaita, en cuyo entramado se quiere colar la melodía de la canción “Por favor, por favor, dame un beso y verás”, que posteriormente popularizaría Franz Lehar en su opereta de 1909 El Conde de Luxemburgo. Con todo ello, Rimsky busca mostrar la esencia de lo español a través de un ambiente de juerga y colorido.

    En la etapa final de su vida, hasta 1908, tras haber conocido el estreno de la Tetralogía wagneriana en San Petersburgo en 1888, se vuelca en las óperas (todas ellas en ruso, por supuesto). En las quince, el elemento nacional se muestra omnipresente no sólo en los libretos, sino también en los esquemas melódicos y armónicos. Aquí pudo poner en práctica absolutamente todo lo que había aprendido en las diferentes etapas de su vida, especialmente en El Gallo de Oro, la última (1905), una obra maestra que sincretiza el más avanzado estadio de composición del drama wagneriano con las óperas de Tchaikovsky, pero con el referente imprescindible de Mussorgsky. Las melodías vocales discurren por intervalos inverosímiles, tomados de los giros orientalizantes del folklore de ciertas regiones rusas, como en imitación de líneas melódicas de diferentes tipos de flautas populares. Con todo, son óperas de grandes efectivos, larga duración y costosa producción. Hoy día sólo se reconocen a nivel popular algunos fragmentos como “El vuelo del moscardón”, de El Zar Saltan; “La llegada de los nobles”, de Mlada; La “Canción india” de Sadko, que tanto gustaba a Miguel Fleta; o el absolutamente sugerente “Himno al sol” de El Gallo de Oro.

© 2013 Enrique García Revilla

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3 Responses to Capricho español, a Rimsky Korsakov (1908-2008). Sobre el origen de la obra.

  1. Pingback: La noche de San Juan en la música. | Les soirées de l'orchestre

  2. Usted ha comentado:
    “De los cinco movimientos del Capricho Español, sólo el cuarto, basado en un canto gitano recogido por Inzenga en la sección relativa a Andalucía de Cantos y bailes populares de España, de 1878 suena inequívocamente español, debido a sus cadencias y escalas andaluzas. Los demás deben su raíz folklórica al empleo de melodías asturianas y, salvo aquellos que conocen bien dichas melodías, la verdad es que un músico cualquiera, burgalés, australiano o argentino no lo reconocería como típicamente español. Los movimientos primero y tercero recogen una alborada para gaita asturiana, que expresa el optimismo de la salida del sol tras la noche de bodas. Alrededor de la hoguera de San Juan se canta en Asturias la Danza Prima, perfectamente reconocible en el segundo movimiento. La obra concluye con una estilización del Fandango Asturiano, también para gaita,”

    Es lamentable e incorregible ya que se identifique, no sólo fuera de España, como “típicamente español(as)” las melodías del Capricho que no son claramente andaluzas. Ahí quedan para que las reconozcan en su estricta geografía la música popular de Galicia, Asturias, País Vasco, Cataluña, Valencia, etc. ¡Y aún he oído a cantantes flamencos quejarse de que no se les da suficiente cancha!

    En fin, gracias por un blog tan interesante

    Juan

    • Gracias a usted por su visita y su comentario. De un modo u otro la llamada “escala andaluza” o “modo frigio” constituye el esquema melódico más identificable como español, sin que ello implique que no lo sean muchos otros, cada uno de su región. Un saludo cordial.

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