Introducción a la obra literaria de Hector Berlioz

Mi vida es una novela que me interesa mucho

Comunicación presentada en el Congreso de la Asociación Internacional de Críticos Literarios (Kosovo, 2010).

(Voir  cet article  en Français, ici)

Imagen   Cuando en la actualidad se pronuncia el nombre de Hector Berlioz, es verdaderamente poco probable que se esté aludiendo a su faceta de escritor. Berlioz es bien conocido en el mundo como compositor y su sombra se proyecta como la de un titán sobre la historia de la música del Romanticismo. Gracias a una formación esencialmente autodidacta, provocó una revolución en el concepto de orquesta que Beethoven y Rossini habían heredado del Clasicismo. Su orquestación presenta tal modernidad y heterodoxia, que con frecuencia no fue comprendida por sus contemporáneos. A su imaginación desbordante debemos los conceptos de música programática y de leitmotiv musical. Sin duda, cuando Gautier realiza su célebre declaración a propósito de Berlioz, Hugo y Délacroix como la Trinidad del arte, estaba haciendo referencia al músico y no al escritor.

     No obstante, mientras que la producción musical de Berlioz supone uno de los pilares del Romanticismo europeo, su obra en prosa es apenas reconocida como literatura. Evidentemente, la relevancia de su aportación al arte musical es tal, que la figura del compositor ha eclipsado de forma casi absoluta al escritor. Además, en virtud del contenido esencialmente musical de todos y cada uno de sus escritos, éstos han sido clasificados bajo la etiqueta de “literatura especializada”, es decir, destinada a una fracción minoritaria del público lector. Fuera del ámbito francófono, únicamente aquellos músicos que, al mismo tiempo, poseen una afición a la lectura, han constituido el grupo potencial de lectores del Berlioz escritor. En la actualidad, sólo un porcentaje muy reducido de este subconjunto, conoce su obra literaria. Berlioz fue un hijo de su revolucionaria época. Desde su infancia idealizó la imagen de sus dioses particulares, Gluck, Spontini, Beethoven y Weber. El Olimpo berlioziano, empero, no poseía una naturaleza exclusivamente musical, sino que abarcaba un espectro artístico general. Por este motivo, también lo habitaban moradores literarios, venerados por él en la misma medida: Virgilio, Shakespeare, Walter Scott, La Fontaine, Byron…

Su formación como escritor se desarrolló desde su juventud a través de diferentes publicaciones de la prensa parisina. Cuando se le propuso hacerse cargo de una sección de crítica musical, Berlioz consideró la posibilidad de universalizar su credo estético:

    La idea de semejante arma en mis manos para defender lo bello y para atacar todo aquello que yo consideraba contrario a lo bello, en seguida comenzó a sonreírme.

Así pues, vemos que su primera intención no fue la de crear literatura sino la de defender su propio ideal estético, además de la de procurarse unos beneficios pecuniarios que resultaron absolutamente indispensables en los tres decenios posteriores. Con todo, su trabajo como escritor de feuilletons en la prensa supuso siempre una dolorosa carga.

La composición musical es para mí una función natural, un motivo de felicidad ; redactar en prosa es un trabajo.

A pesar de estas palabras, tomadas de sus Memorias, podemos hoy afirmar que Berlioz se sentía profundamente escritor, mas no escritor de feuilletons, sino de verdadera literatura. Escribió seis obras mayores, además de una vasta producción de artículos de crítica para la prensa y de correspondencia. Una de estas obras es un célebre tratado de orquestación, esencial como fuente de estudio para los alumnos de composición. Escribió su Viaje musical a Alemania e Italia (1844), Las tertulias de la orquesta (Les soirées de l´orchestre, 1852), Les grotesques de la musique (1859), À travers chants (1862) y finalmente sus Memorias, redactadas a lo largo de dieciocho años y publicadas póstumamente (1870). A esta lista debemos añadir los libretos que él mismo compuso para sus óperas con la intención de fusionar música y literatura en un arte nuevo dotado de una mayor capacidad expresiva.         

La figura del compositor que es capaz de expresarse en prosa con corrección y una cierta fluidez no constituye rara avis en una época como el Romanticismo. Un considerable número de autores de primera línea en cuanto a la programación actual de sus obras en concierto, encontró particularmente en el género epistolar un medio de comunicación ideal para tentar sus cualidades literarias. Según expone Hugh Macdonald en la versión inglesa de Les grotesques de la musique, entre los grandes compositores de su época, no pocos encontraron una segunda vocación como escritores. Entre ellos destacan Schumann y Wagner. Los escritos de Berlioz son mucho más importantes que los de Schumann, mucho más legibles que los de Wagner y mucho más divertidos que los de ambos. Su estilo muestra un sentido del humor en ocasiones irreprimible, aunque el tenor general del escrito fuese de tipo dramático. Es preciso leer sus obras para descubrir, tras el semblante serio y el ceño fruncido con el que es siempre representado, un hombre extremadamente agudo y chistoso, al que podríamos calificar de “bromista patológico”. Verdaderamente se complacía en la escritura humorística. Podemos afirmar que tenía necesidad del humor, especialmente de la ironía, para alcanzar con éxito la expresión literaria y solía aprovechar cualquier ocasión para introducir una brizna de humor, generalmente en forma de anécdota.

Además de la omnipresencia de la música en todos sus textos y su formidable sentido del humor, el tercer trazo característico de la escritura literaria de Hector Berlioz es el de la implicación autobiográfica en absolutamente todas sus páginas escritas. Quien se enfrenta a la lectura de una de sus obras descubre que el autor no es un simple narrador, sino un testigo ocular de los hechos. De este modo, suele presentar todo aquello que escribe como verídico. Contar con la complicidad del lector era para él verdaderamente importante. La vida de Berlioz fue una lucha constante contra la incomprensión de las instituciones y del público parisino. Por este motivo, tenía necesidad de dejar a la posteridad un testimonio de su propia defensa en el caso Paris versus Berlioz.

En Berlioz, la presencia del yo (en diferentes grados) es evidente en toda su producción artística, tanto en la literatura como en la música. Citaremos como prueba el detalle más célebre como es el componente autobiográfico de su Sinfonía Fantástica, cuyo subtítulo es  Episodio de la vida de un artista. No obstante, encontramos incluso más interesante una característica tan romántica como la invasión del arte en su personalidad y en su vida. Podríamos decir que vida y obra se mezclan hasta el punto de que en ocasiones, él mismo no era capaz de diferenciar el mundo real de su mundo artístico. Un buen ejemplo de esto lo encontramos en el hecho de que su enamoramiento de la actriz irlandesa Harriet Smithson, se produjo bajo el influjo de sus representaciones shakespearianas en el Odeon parisino como Julieta, Ofelia o Desdémona. Berlioz personifica a la perfección esta idea romántica de fusión física y espiritual entre música y literatura, del mismo modo que entre vida y arte o entre amor y música:

¿Cuál de estos dos motores puede elevar al hombre a las más sublimes alturas: el amor o la música? Es un gran problema. No obstante, creo que podría resolverlo de la siguiente manera: El amor no puede dar una idea de la música, pero ésta sí puede darla del amor… ¿Porqué separar la una del otro? Son las dos alas del alma.

  © Enrique García Revilla 2010

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Enrique García Revilla. PhD.
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8 Responses to Introducción a la obra literaria de Hector Berlioz

  1. José Luis says:

    “Mi vida es una novela que me interesa mucho” Estoy empezando ya con sus Memorias, y creo que me voy a divertir… Mi modesta enhorabuena por esa comunicación,

  2. La primera vez que leí sus memorias estuve enfermizamente enganchado, lo cual no significa que a todo el mundo le pase igual. Hay páginas y páginas de crítica musical que a muchos se les pueden hacer largas. Repito que en mi caso no es así. No soy una persona super leída, pero puedo afirmar que es el libro más importante de mi vida. Espero que te guste moderadamente.
    Un saludo. Tengo una versión en español que no he leído, porque el lenguaje está un poco trasnochado. Si te ves apurado con el idioma te lo puedo enviar. (Este libro está esperando que alguien vuelva a traducirlo…)

  3. Josep Olivé says:

    No son muchos los músicos de los que se puede disfrutar de un cierta vida paralela en el mundo de la literatura, pero algunos hay, pocos, pero los hay. De especialmente valiosos para mi son los casos de Schumann y Berlioz. ¿Por qué? Pués porque su desbordante romanticismo en el plano musical tenia su perfecto reflejo en sus escritos, de manera que su desarrollo vital quedaba justificado a la hora de componer, y su desarrollo intelectual a la hora de escribir. ¿Qué característica común poseen ambos de manera que necesitaran plasmar su pensamiento no solo en el pentagrama sino también en unas cuartillas? Hay dos: en una época en que el binomio compositor-instrumentista era lo más frecuente y en que las dotes musicales se manifestaban en todos los grandes compositores a edad muy temprana, ambos ni fueron grandes instrumentistas, ni fueron niños prodigio. Schumann iba camino de ser un gran pianista, pero unos incomprensibles ejercicios para mejorar la articulación de unos de sus dedos destrozó su mano y su carrera. Berlioz simplemente es que no dominaba ningún instrumento. De alguna manera el plano literario les sirvió para completar su ingente caudal romántico: Schumann principalmente en forma de poesia (aunque también en prosa de crítica musical) y Berlioz en forma de prosa. También Mozart escribió, y mucho, de tal manera que las cartas a su padre bien pueden considerarse un diario epistolar, pero los textos quedaban circunscritos a sus experiencias personales, domésticas unas veces, musicales la mayoria. Wagner es otro caso. Pero leer Wagner es leer la vida y milagros de alguien que se cree un dios. Sus análisis son farragosos e inentiligibles y o no estamos a su altura o hay que concluir que por muy literato y poeta que el se creyera (más que músico) su vertiente musical (y dramática) es su única faceta gloriosa. Pero cito a estos dos músicos también por un hecho que explica, por sí mismo, su motivación literaría: en mayor o menor medida se preocuparon muy mucho de los libretos de sus óperas. “Les troyenes”, una obra maestra absoluta, una ópera de dimensiones wagnerianas en cantidad y calidad, presenta un libreto del mismo Berlioz. “Genoveva” tiene una ingente intervención literaria del propio Schumann…y el caso Wagner ni mencionar hace falta. Por lo que especta a Mozart, aunque no interviniera directamente es evidente que su sentido teatral y dramatúrgico tuvo consecuencias (positivas por supuesto) en el resultado final de sus obras. Y volviendo a Berlioz: ¿acaso no es su música programática (su “Fantástica” o el mismo “Harold en Italia”) un fiel reflejo de su fantasia literaria? El caso es que no sólo de música vivió Berlioz. Berlioz es Berlioz en su música y en sus escritos: “Berlioz no trata de mostarse agradable y elegante. A todo aquello que odia lo aferra fieramente a sus cabellos; a lo que ama casi lo aplasta con su fervor”. Así se expresaba Schumann. O sea, talante romántico puro y duro. Y no solo revolucionó la orquesta, su composición y su manera de dirigirla, no solo se anticipó cincuenta años con su Sinfonía Fantástica, sino que usó la misma pluma, exuberantemente romántica, ya sea para el pentagrama, ya sea para la hoja en blanco.

    • Josep, amigo, me ha entrado un complejo tremendo al leer tus líneas. Dediqué mi trabajo doctoral a explicar en tropecientas páginas lo que me acabas de sintetizar. Te mantendré al tanto de un libro que saldrá en breve sobre este tema. Muchas gracias por dedicarme estas líneas. Espero que te vaya bien en Alemania. Dice Joaquim que eres nuestro Wanderer (No sé si se refiere a Wotan o al de Schubert). Un saludo.

      • Josep Olivé says:

        No se, no sé…viniendo de quién viene supongo que se refiere a Wotan pero igual me paso al wanderer schubertiano…que aquel además de tuerto acabó como acabó… 🙂
        Ya he vuelto y ya he tenido oportunidad de disfrutar de un espléndida cuarta de Mahler hoy en el Auditorio con la OBC… Si, por favor, mantenme al tanto de esa publicación cuya próxima aparición anuncias. Un cordial saludo.

        Nota: supongo conoces la “fantasia” literaria que se “montó” Berlioz a raiz de una pruebas que se hicieron a multitud de alumnos de piano los cuales interpretaban la misma obra todos (el concierto n.1 para piano de Mendelsshon)… Digna de post. 🙂

      • ¿Dónde lo has leído? ¿En español? Se trata de un capítulo del libro que acabo de traducir y que da nombre a este blog. (También te mantendré al tanto, etc, etc.) En seguida cuelgo el post.

      • Josep Olivé says:

        Lo leí de Harold C. Shönberg “Grandes compositores”, probablemente el mejor libro que trata sobre la vida y obra de grandes músicos. El capítulo dedicado a Berlioz, no muy extenso, esta pero que muy bien….como tantos otros. Altamente recomendable.

  4. Tomo nota. Se ve que a todos los Schonbergs les ponían nombres acabados en -old.

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