La noche de San Juan en la música.

  Música para una noche de San Juan.

  Maestros cantores posterLa noche del solsticio de verano, aquella en que el reinado de las tinieblas es más corto debido a la mayor distancia angular del sol con el ecuador terrestre, recibe la denominación de noche de San Juan por el contrafactum a lo divino de una tradición pagana. La fe cristiana fijó el nacimiento del Bautista justo seis meses antes del de Cristo, teniendo en cuenta las fechas de la Visitación de la Virgen a su prima Isabel (Lucas 1, 36). Sin embargo, ya con anterioridad, los griegos encendían hogueras a Apolo, el dios sol (Bermejazo platero de las cumbres, a cuya luz se espulga la canalla, decía Quevedo), mientras que los romanos gustaban de realizar tres saltos sobre la hoguera prendida en honor a Minerva. Desde antiguo, la superstición y el sentimiento religioso de los pueblos atribuyeron propiedades curativas contra todo tipo de males a signos particulares tanto de la noche como de la mañana de San Juan como el primer rayo de sol, el rocío de la mañana, la luna, el agua o el fuego. La costumbre popular de la sanjuanada o del sanjuanar consiste en en recoger, antes del amanecer, romero aromático con sus gotas de rocío y bañarse en agua de ríos o fuentes. Existe todo un ciclo de canciones populares de todo el mundo hispano que se denominan sanjuanadas. 

Interior de San Juan de Baños (Palencia)

Interior de San Juan de Baños (Palencia)

Se trata de un momento especial del calendario que no podía pasar desapercibido en el arte. Sólo citaré algunos ejemplos: En arquitectura, la pequeña iglesia de San Juan de Baños (Palencia) de estilo visigótico, fue mandada edificar por Recesvinto como acción de gracias al haber sido curado por el efecto milagroso que las aguas de dicho lugar adquirieron en la mañana de San Juan del año 660. En la literatura universal y española emergen multitud de ejemplos inspirados en esta fecha. Desde los innumerables romances y letrillas populares (Madrugaba Conde Olinos…), hasta los dramaturgos modernos como Ibsen (La noche de San Juan, de 1852) o la más cercana La dama del alba, de Alejandro Casona, basada en el mágico y supersticioso folklore asturiano. Seguramente, algún visitante de estas soirées es capaz de recordar alguna referencia al tema en El Quijote (que recibiremos con alegría). Como parte del folklore musical, la cantidad de canciones que hacen referencia a la noche de San Juan merecería un capítulo específico. No es nuestro objetivo aquí, aunque podemos remitir a la información que ofrece Wikipedia sobre la canción Aserrín aserrán, que se canta en todo el mundo hispanohablante.

    Para estudiar la incidencia de la tradición de la noche de San Juan en la música es necesario establecer dos grupos de obras. En un primero, englobaríamos todas aquéllas que parten de Shakespeare y su Sueño de una noche de verano, pues la influencia de dicha comedia ha sido enorme, siendo legión los compositores que sucumbieron al ambiente chispeante y fantástico relatado por el inglés. Por otro lado estarían las demás obras que hacen referencia a la noche solsticial sin tener en cuenta (al menos expresamente) a Shakespeare.

    Comenzaré por este último grupo esta exposición casi sumarial y en absoluto exhaustiva de las partituras que han conocido una mayor difusión. Cualquier aportación sobre lagunas importantes en el tema será bien recibida.

    En el siglo XIX corresponde al brasileño Elías Álvarez Lobo el honor de ser el autor de la primera ópera en lengua portuguesa: A Noite de São João, de 1860 que, sin liberarse del estilo italianizante que seguirá triunfando en Brasil (como en Il guaraní, de Antonio Carlos Gomes, estrenada en La Scala en 1870), se acercaba a un estilo nacional brasileño, que llegaría a cuajar (a su manera) con la introducción de elementos de su riquísimo folklore en las obras, entre otros, de Mignone o Villalobos (¡y también Milhaud!).

    En España, Jugar con fuego (1851) fue una de las zarzuelas que vinieron a renovar el género, con música de Barbieri y libreto en tres actos de Ventura de la Vega. Se trata de una obra cómica que narra una serie de escarceos amorosos para los que la  sanjuanera noche es propicia por la tendencia a la permisividad y relajación de costumbres. Por otra parte Agua, azucarillos y aguardiente, de Chueca, con libreto de Ramos Carrión, es uno de los más representativos ejemplos del género chico (en un solo acto) que abunda en el Madrid castizo de Lavapiés, organillo y chotis y fue compuesta simplemente como “pasillo veraniego” (sin consciencia del éxito que estaba llamada a alcanzar), para ser representada en el teatro Apolo en la noche de San Juan del año1897.

   Conozco algunas referencias menores como el musical-opereta almibarado de Robert Wright  “Canción noruega”, sobre la vida del compositor Eduard Grieg, del que se hizo una película en 1970, que incluye la canción Midsummer´s Eve, o la ópera psicológica del inglés William Alwyn, Miss Julie (1977), obra oscura en la que la noche torna negativamente el carácter amoroso del primer acto y hace planear sobre los protagonistas los fantasmas de la muerte y el suicidio (existe un registro discográfico de la Philarmonia en NAXOS, sello que está editando casi todas las obras del autor incluidas sus recomendables sinfonías ). Sin salir de Escandinavia, José Luis, que con sus aportaciones es ya coautor del presente artículo, propone la Rapsodia Sueca nº 1 de Hugo Alfvén, una preciosa obra de 1904 (puede recordar a Delius ¿?) que acabo de descubrir, si bien posee algunos fragmentos muy conocidos, que en Suecia deben ser tan populares como Waltzing Mathilda en Australia o Molly Malone para los irlandeses.

    Sin embargo, las dos noches de San Juan más escuchadas en todas las latitudes del orbe son las de Una noche en el Monte Pelado, de Mussorgsky y la del segundo acto de Los Maestros Cantores de Nuremberg de Wagner. De la primera se suele interpretar la versión de Rimsky Korsakov, obra sinfónica en la que todo tipo de criaturas demoníacas surgen y evolucionan en la noche pero terminan vencidas por el anhelado amanecer en un mágico punto de inflexión de raíz cristiana: una iglesia hace tocar las seis campanadas del primer momento del alba dividiendo la obra en la dicotomía pecado-redención, Dionisos-Apolo, oscuridad-luz. Los Maestros Cantores de Nuremberg, la única obra cómica del titán de Leipzig, fue estrenada en Munich muy a propósito el 21 de junio de 1868. Aquí no hay ni hadas ni demonios, sino una desternillante y chapucera serenata a una bella joven por parte de un viejo indeseable, que termina en una paliza y pelea colectiva en las calles de Nüremberg. Sólo la amenaza de la autoridad y la voz del sereno devuelven la calma nocturna a las calles en una noche en la que lo irracional y la desmesura se impusieron a la cordura que predica la tradición de los Meistersinger. El mismo Hans Sachs, paradigma de la prudencia (el que renuncia al amor en favor de dos amantes, a la manera del rey Marke tristaniano), se muestra desatado y sádico marcando con su martillo los errores del desgraciado escribano Beckmesser. Del mismo modo que ocurrió en Una noche en el Monte Pelado, con el alba, Dionisos termina cediendo su reinado a Apolo. Y así, en el tercer acto, la mañana de San Juan presentará el concurso de canto y el triunfo del amor de los protagonistas, en un libreto original del propio autor.

    Por último quisiera hacer referencia a la danza prima que aparece en el segundo movimiento del Capricho Español de Rimsky Korsakov. Se trata de la primera danza que se baila, en corro, alrededor de las hogueras de San Juan asturianas. El hecho de que Rimsky tomara esta melodía y no la de los romances que se cantan  justo a continuación, que es mucho más pegadiza y tal vez (discutible) más vistosa, pudiera indicar que no la escuchara directamente en su estancia en suelo asturiano en 1864 durante una escala de la fragata de la que era oficial, sino que la tomó del Cancionero de Inzenga, que de alguna manera hubo de llegar a su poder, puesto que de él tomó el resto de melodías para dicha obra. El cómo se hizo Rimsky con dicho cancionero es ya otra historia y admite varias hipótesis.

    De nuevo José Luis nos proporciona un nuevo ejemplo: el inglés Michael Tippett, con su obra Dances for the midsummer’s marriageobra de 1953, o tal vez debería decir: obra maestra del siglo XX, la obra de un maestro de la orquestación y una de las glorias artísticas que enorgullecen a su país.

    Al segundo grupo de composiciones que anoté más arriba, esto es, aquéllas que toman su argumento de la obra shakespeariana, pertenecen numerosas obras que citaré cronológicamente.

    En primer lugar nos remontamos a la ópera The Fairy Queen o La reina de las hadas, del compositor inglés Henry Purcell, compuesta en 1692, pero desaparecida hasta su redescubrimiento a comienzos del siglo XX. Hoy es una de las obras más grabadas de su autor. Purcell compuso cantidad de sus partituras para una residencia de niños y señoritas (Dido y Eneas), por lo que los papeles de Titania y Oberón debían ser interpretados por pequeños de entre ocho y diez años. Hoy son papeles para mezzo o contratenores.

    Mendelsohn compuso su música incidental El sueño de una noche de verano en 1842, obra en la que despliega ambientes tan variados como el del nocturno, con su memorable solo de aterciopelada trompa o la festiva marcha nupcial, tan desvirtuada para el oído común por culpa de casi todos los occidentales que en alguna ocasión en su vida han contraído matrimonio. Sin embargo, este joven genio hamburgués conservaba en un cajón la chispeante obertura que, para esta obra, había compuesto en 1826, a los dieciséis años y que ajusta como un guante en el total de la partitura en estilo y forma. Sobre esta música crearon coreografías algunos históricos coreógrafos como el inglés Ashton o el mismo Balanchine. Continuando con el ballet encontramos a Marius Petipa, colaborador de Tchaikovsky, que coreografió la versión de Minkus sobre la obra de Mendelsohn. En la época del tercer imperio alemán todo aquello que recordase al judío Mendelsohn provocaba una cierta alergia por lo que, para poder disfrutar musicalmente de la obra de Shakespeare obviando la judería, se buscó a un alemán libre de sospechas, comisionándose así en 1939 a Carl Orff, el autor de Carmina Burana, para un nuevo Ein Sommernachtstraum.

José Luis, nos recuerda las Cinco Muecas para El sueño de una noche de Verano (cinq grimaces), de Erik Satie. Sólo esa denominación de “muecas”, en lugar de otras como “miniaturas”… es indicadora del sentido del humor de un autor que, sin ser un genio, poseía un enorme talento y una incomparable originalidad. Es una obra de 1915 para una producción de la comedia de Shakespeare, escrita con la grafía inconfundible y característica del autor.

Continúa José Luis con una pieza que recuerdo haber escuchado veces y veces en cassette, grabado de Radio 2, con fervor, admiración y estupefacción, cuando tenía unos veinte años (K)ein Sommernachtstraum.  En aquella época, un antipático director de orquesta me comentó despectivamente, que había que ser demasiado joven para que a uno le gustase Schnittke. Yo pensé: “Sí, afortunadamente soy muy joven, ¡y me encanta!”, pero no dije nada. Con frecuencia soy tremendamente estúpido.

   Por su parte, la ópera romántica Oberon (1826), de Carl Maria von Weber, cuyo título nos recuerda automáticamente a Shakespeare no trata la comedia del inglés, sino que muestra un libreto que se mantiene ajeno a la noche de San Juan, introduciendo personajes de corte exótico u oriental.

   Y concluyo citando la adaptación de esta obra a la ópera por parte del más grande compositor inglés del siglo XX, cuyo centenario asoma tímidamente entre los de Verdi y Wagner: Benjamin Britten (1913-1976). Midsummer night´s dream fue compuesta en 1960 buscando el alivio mental por parte del autor, quien al padecer de depresión, soportaba la vida como una pesada e inevitable losa y encontró en esta comedia un paréntesis de evasión.

    Tenemos, pues, una amplia colección donde elegir una música para la noche más corta de nuestro verano. Y como Puck, el shakespeariano duende, en su monólogo final de El sueño de una noche de verano, pido indulgencia si a alguien con esta historia he aburrido u ofendido, principalmente al olvidar algún título que, por su importancia o calidad, debería haber sido reseñado.

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Enrique García Revilla. PhD.
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8 Responses to La noche de San Juan en la música.

  1. Josep Olivé says:

    Magnífico post, de los que yo llamo “convocados” para ser imprimidos, estudiados y guardados….y este año, en la víspera de San Juan, releido nuevamente con alguna de las músicas de fondo que citas… Te avanzo que seguramente caerá la fenomenal obra de Mendelsohn: porque de ese “sueño de una noche de verano” siempre me ha impresionado que un joven de 16 años sea capaz de componer una obertura tan brillante y tan bien hecha, porque el resto de la obra, que compuso años más tarde, también me gusta mucho…y porque toda ella será interpretada por la OBC la próxima temporada…O sea, razones me asisten! 🙂

  2. Gracias, Josep, Sólo se trata de una relación de obras. Si recuerdas alguna otra no dudes en comentármelo. Que pases un buen solsticio. Saludos.

  3. Josep Olivé says:

    El post de hoy de In Fernem Land te va a gustar…absolutely! 🙂

  4. José Luis says:

    Tendré la antena puesta, pero si antes de leer este catálogo me preguntan, me sale la de los Maestros cantores y gracias. Y gracias.

    • Ahora que lo pienso, tú que eres genéticamente bachiano, seguro que encuentras alguna referencia en él (perdón, en Él). No sé… cantatas profanas, el tema de la visitación-magnificat…

      • José Luis says:

        Perdonado; de sabios es rectificar. Respecto a lo otro, me miraré las profanas, aunque no creo que la boda o el café cayesen en verbena, pero hay otras y todo puede ser. Es cierto que San Juan estaba a oscuras cuando se puso a dar saltos al llegar su prima; si te vale… 🙂

      • José Luis says:

        Nada de Bach, pero vas por lana y vuelves con una trucha.

        Alfven – Midsommarvaka (Midsummer Vigil), Op. 19, “Swedish Rhapsody No.1”

        Si es por el principio, no parece muy original, aunque no consigo recordar qué es. Y si es suya, vaya sorpresa.

        Satie – Cinq Grimaces pour “Le songe d’une nuit d’ete”

        Schnittke – (K)ein Sommernachtstraum ((Not) A Midsummer Night’s Dream)

        Tippett – The Midsummer Marriage

      • Sí, señor. ¡Muchas gracias! Ya sabía yo que algo más tiene que salir. En un rato lo incorporo al post.

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