Napoleón en la Ópera. Un relato de Hector Berlioz.

Napoleón en su trono (1806) por Ingres, Musée de l'Armée, Hôtel des Invalides, Paris

Napoleón en su trono (1806) por Ingres, Musée de l’Armée, Hôtel des Invalides, Paris

El nueve de febrero de 1807 tuvo lugar un gran concierto en la corte de Napoleón. Allí se reunió gente brillante; Crescentini iba a cantar*. A la hora prevista, se anuncia al Emperador. Entra, toma asiento, el programa le es presentado. El concierto comienza. Tras la obertura, abre el programa, lo lee y, mientras se interpreta el primer fragmento de canto, llama en voz alta al mariscal Duroc al que dice algunas palabras al oído. El mariscal atraviesa la sala, se llega hasta el señor Grégoire, cuyo cargo de secretario de música del Emperador incluye la obligación de elaborar los programas de los conciertos, y le increpa con severidad:

-Señor Grégoire, el Emperador me encarga que le invite a no volver a ejercitar el ingenio en sus programas.

El pobre secretario, que no comprende lo que el mariscal ha querido decirle, se queda estupefacto y no se atreve a levantar la mirada. Entre pieza y pieza todo el mundo le pregunta por el motivo de este revuelo, a lo que el desafortunado Grégoire, viendo aumentar su turbación, no puede más que responder:

-No sé más que ustedes. No comprendo nada.

Se espera ser destituido al día siguiente y ya está armándose de valor para soportar una desgracia que le parece inevitable, por mucho que ignore el motivo.

Una vez acabado el concierto, el Emperador sale y deja el programa en  su butaca. Grégoire se apresura a cogerlo, lo lee, lo relee cinco o seis veces sin descubrir en él nada reprehensible. Lo muestra a los señores Lesueur, Rigel, Kreutzer y Baillot, quienes no son capaces de ver nada que no sea perfectamente correcto e inocente.

Una serie de comentarios despectivos comenzaban a llover sobre el pobre secretario, cuando un repentino soplo de inspiración vino a darle la clave de este enigma y también a redoblar sus temores. El programa (manuscrito, según la costumbre) comenzaba con estas palabras.

  Música del Emperador

    En lugar de trazar por debajo una simple línea, como suele hacerse, no sé por qué se le ocurrió a Grégoire dibujar una serie de estrellas de tamaño creciente hasta mitad de la página y decreciente hasta el margen final. ¿Podría pensarse que Napoleón, en el apogeo de su gloria, viese en este inofensivo adorno una alusión a su fortuna pasada, presente y futura? Dicha alusión, resultaba tan desagradable como insolente por parte de cualquier profeta de la desgracia que hubiera realizado el diseño, puesto que daba a entender, tanto mediante las dos imperceptibles estrellas situadas en los extremos de la línea, como por el tamaño desmesurado de la estrella del medio, que el astro imperial, tan brillante en la actualidad, debía declinar sucesivamente, menguar y extinguirse en una evolución inversa a la que había obedecido hasta la actualidad. El tiempo ha demostrado que así habría de ser. No obstante, ¿la genialidad de este gran hombre le había permitido desvelar lo que la suerte le reservaba? Esta extraña susceptibilidad podría llegar a hacérselo creer.

    He aquí, señores, la copia del programa que pudo haber traído la ruina al buen secretario. El mismo Grégoire me regaló el programa original cuando me contó su anécdota. Les ruego consideren como un error sin importancia el que el secretario de la música del emperador desconociera la ortografia del nombre de Guglielmi. a

MÚSICA DEL EMPERADOR.

 ★   ★   ★   ★  ★  ★   ★   ★   ★

(NOTA: lectores del blog: como no soy capaz de cambiar
el tamaño de las estrellas, tratad de imaginar que crecen < y decrecen >.)

GRAN CONCIERTO

FRANCÉS E ITALIANO,

Lunes, 9 de febrero de 1807

_______

Obertura de Los Gemelos……………………………………… de Guillelmi.

______

Nº 1. Aria de Romeo y Julieta………………………………… de Zingarelli.

POR MADAME DURET

      2. Aria de Los Horacios…………………………………… de Cimarosa.

POR MONSIEUR CRESCENTINI

      3. Aria suelta…….………………………………………… de Crescentini.

POR MADAME BARILLI

      4. Dúo de Cleopatra……………………………………….. de Nazolini.

POR MADAME BARILLI Y MONSIEUR CRESCENTINI

        5. Aria suelta, con coros…………………………………….de Jadin

POR MONSIEUR LAYS

      6. Duo delle cantatrice Villane………………………………de Fioravanti

POR MADAME Y MONSIEUR BARILLI

     7. Gran final de El rey Teodoro en Venecia…………………de Paisiello

 ______

    Como puede imaginarse, Grégoire, que fue paulatinamente perdiendo el temor a ser despedido, tuvo buen cuidado, en los conciertos siguientes, de no reproducir en sus programas el mínimo trazo o viñeta al que pudiera otorgarse algún significado simbólico. Apenas se atrevía a poner los puntos sobre las íes. La lección había sido severa. Desde entonces le persiguió el temor a ser ingenioso SIN SABERLO.


* Girolamo Crescentini (1762-1846). Importante castrato instalado en París como responsable de la educación vocal de la familia imperial.

a Véase, al final del segundo epílogo, que no es casual la ausencia de tilde en la palabra ortografía.

Música para la última escena de Hamlet, parte tercera del tríptico Tristia. Nada tiene que ver con Napoleón ¿o sí? Y Beethoven, ¿qué opina de esto?

http://www.youtube.com/watch?v=RCoiHKI_iAE

© de la traducción: Enrique García Revilla

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Enrique García Revilla. PhD.
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2 Responses to Napoleón en la Ópera. Un relato de Hector Berlioz.

  1. José Luis says:

    Muy buena historia, y muy fino y críptico Berlioz con la tilde, pero tampoco es facil descubrirlo. El Allegretto de la séptima, siempre he pensado que era buena música para dejar hechos polvo a los que lloran a un muerto, pero nunca ví en él una marcha fúnebre

  2. Dice el autor: “…veo un inmenso territorio que se extiende ante mí, cuyo acceso me está vetado por las reglas académicas. Ahora que he conocido a ese imponente gigante, Beethoven, me doy cuenta del punto al que ha llegado el arte de la música. Se trata entonces de tomarlo como punto de partida y llevarlo más allá. No, no, más allá es imposible. Hay que emprender otra dirección.”

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