Claudio Abbado, in memoriam. 20 de enero de 2014.

Te deum Abbado

Abbado: Te Deum, de Berlioz

Esta mañana temprano ha fallecido Claudio Abbado. Tenía ochenta años y, por algún motivo, tras su recuperación de la enfermedad al entrar el nuevo siglo, llegué a pensar que iba a vivir muchos años más. Uno se siente triste ante el fallecimiento de alguien a quien tiene la sensación de haber conocido, pues después de haber escuchado tantas horas de música interpretada por él, su personalidad se muestra (o eso queremos creer) abierta ante sus oyentes.

La Scala, la Sinfónica de Londres, la Filarmónica de Berlín (en la que, tal vez, no hayan terminado de mostrarle todos sus respetos), Lucerna, Orquesta Mozart… Abbado es enorme. Sin duda, una de las figuras de nuestro tiempo en dirección. No lo digo sólo yo, sino una serie de músicos que le conocieron e hicieron música con él. Como homenaje humilde y particular, su soberbio y arquitectural Te Deum de Berlioz: Judex Crederis, con los Berliner, en 1998.

A life in pictures, su vida en trece fotografías. Gracias a Monir Tayeb por enviarme la información.

Lo que aprendo al escuchar mis grabaciones es que hay muchas cosas que puedo hacer mejor. (…) Creo que el secreto de la vida es encontrar siempre algo mejor, encontrar nuevas inspiraciones, nuevos entusiasmos. Nada es siempre perfecto. Siempre hay algo nuevo por descubrir.                                                                   (A life in music)

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Enrique García Revilla. PhD.
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11 Responses to Claudio Abbado, in memoriam. 20 de enero de 2014.

  1. Hesperetusa says:

    Le he dado al me gusta, pero no, no me gusta que haya muerto Claudio Abbado. Para mí siempre estuvo ahí. Estuvo desde mis inicios en la música clásica. Además siempre me pareció joven, aunque ya no lo fuera. Recuerdo un documental o entreviste que vi hace…, no sé cuanto, pues la televisión normal aún ponía programas de ese tipo. Contaba que, cuando era pequeño, durante la Segunda Guerra Mundial, escribió en la calle, en la pared de su casa “Viva Bartok” y los alemanes se presentaron en su casa para preguntar quien era ese Bartok.
    Claro que lo hemos conocido siempre. Y ahora estamos un poco más solos.

  2. Tal vez, del mismo modo que la expresión “Viva Verdi” tuvo un significado sesenta años antes, los alemanes pudieron pensar que “Viva Bartok” era también una consigna política. ¿?

  3. IkerGC says:

    Quizás, toda su grandeza como ser humano se encierre en esa frase que les soltaba una y otra vez a los miembros de la Filarmónica de Berlín en 1989, huérfanos de un Karajan autoidolatrado: “me llamo Claudio, no maestro”. La humildad, como demostraba una y otra vez con gestos solidarios (como donar todo su sueldo de senador vitalicio italiano a una escuela de música para becas), se traducía una y otra en trabajos serios y brillantes allí por donde pasaba. Yo guardo como un tesoro una 4ª de Tchaikovsky con la Sinfónica de Chicago que suelo escuchar con la misma pasión que la primera vez.

  4. Gracias Iker. No sabía que un senador vitalicio italiano pudiese concebir una idea como esta. Me quedo con la duda de si en Berlín se le trató siempre como merece. Parece claro que estuvo feliz en sus últimos años con SUS ORQUESTAS. Un saludo.

  5. José Luis says:

    Viendo la colección de fotos pensaba que, si la cara es el espejo del alma, éste era además un hombre bueno.

  6. Pingback: Claudio Abbado (1993-2014) | Ancha es mi casa

  7. Joaquim says:

    Era comprometido, incansable, eternamente joven y un músico excepcional.
    El hizo la transición de la Berliner Philharmoniker y eso siempre es duro, quizás los laureles se los ha llevado Rattle sin merecerlo tanto como él, pero sin duda el tiempo lo pondrá en el lugar que le corresponda en la historia de quizás la mejor orquesta del mundo.
    Después del primer proceso cancerígeno, sus direcciones se volvieron místicas y ojalá cunda el ejemplo de esos silencios eternos al final de sus conciertos, donde la intensidad de lo escuchado no invitaba a aplaudir, tal era el grado de concentración e intensidad vivida.
    Un ejemplo y una pérdida dolorosa.

  8. Yo no pensé que tenía ya 80 años. Es bonito el silencio antes y, sobre todo, después de una obra, bien dejando resonar el último forte o bien mientras se extingue la sensación de un pianísimo. Tan bonito como difícil de lograr.

  9. En él, como siempre ocurre con los realmente grandes, las distintas facetas son indisociables. Ha estado ahí siempre, y estará ahí para siempre. Un coloso humilde a quien le agradezco muchas, muchas cosas.

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