Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Sinfonía Fantástica.

OSCYL, Concierto del 27 de marzo de 2014.

Director: Jaime Martín.

Notas al programa. (parte I)

HECTOR BERLIOZ (La Côte Saint André, 11-XII-1803, París, 8-III- 1869)

Episodio de la vida de un artista en cinco partes: Sinfonía Fantástica, H. 48.

Composición: 1829-1830; estreno: Conservatorio de París, 5-XII-1830 (Dir: F. Habeneck).

signol

Berlioz en Roma. Retrato de Emile Signol. 1832. Villa Medici.

(Notas al programa con algunos añadidos que no saldrán en la edición impresa. Jaime Martín, de la Royal Philharmonic, Santander, agosto de 2013, a la Oscyl, Valladolid, marzo de 2014).

Berlioz tenía tan sólo diecisiete años cuando se traslada a París en otoño de 1821. Llegaba allí con la promesa paterna de una flauta nueva si se aplicaba en unos estudios de medicina que no tardaría en abandonar. Sus conocimientos de música eran poco más que rudimentarios y, en gran medida, fruto de un aprendizaje autodidacta. El momento en que su natural inclinación hacia la música se descubrió como una inevitable vocación al más alto nivel, tuvo lugar posiblemente el día en que, en su pueblo natal, La Côte Saint André, al pie de los Alpes, llegó a sus manos una partitura orquestal en blanco conformada por veinticuatro pentagramas. En la mente de un muchacho que no había visto cosa más compleja que algunos ejercicios de solfeo y sus propias composiciones (para una formación como máximo de quinteto), comenzó a forjarse la idea de la cantidad de posibilidades tímbricas, armónicas y rítmicas que una orquesta completa en combinación con una masa coral podía ofrecer. Podemos tratar de imaginar la altura del genio de Berlioz en función del progreso realizado en el período de siete años que transcurre entre su llegada a la ciudad de las luces y el comienzo de la composición de su primera sinfonía. David Cairns, el principal estudioso berlioziano de la actualidad, escribió que la Sinfonía Fantástica constituye la mejor primera sinfonía jamás compuesta. Con el permiso de los señores Brahms y Mahler, no es difícil estar de acuerdo con esta afirmación, fundamentalmente porque las “primeras” de estos autores, no fueron obras de juventud, como sí lo fue la Fantástica.

A comienzos de 1829, conmocionado por la sacudida emocional e intelectual que supuso la introducción de las sinfonías de Beethoven en París, comienza a planear una obra en gran formato al margen de las enseñanzas canónicas: …veo un inmenso territorio que se extiende ante mí, cuyo acceso me está vetado por las reglas académicas. Ahora que he conocido a ese imponente gigante, Beethoven, me doy cuenta del punto al que ha llegado el arte de la música. Se trata entonces de tomarlo como punto de partida y llevarlo más allá. No, no, más allá es imposible. Hay que emprender otra dirección.

Jaime Martín, Fernando Argenta, Joaquín Achúcarro y Jesús Ruiz Mantilla

Jaime Martín, Fernando Argenta, Joaquín Achúcarro y Jesús Ruiz Mantilla

Es bien conocido el dato de su enamoramiento de la actriz irlandesa Harriet Smithson desde 1827. Se trata de un hecho de innegable relevancia en torno a la génesis de la obra, pues los cambiantes estados de ánimo del autor y su ritmo creador se vieron condicionados por el pensamiento obsesivo de la amada ideal. Esta obsesión, dice Berlioz,  esta “idée fixe”, me persigue incesantemente. De ahí la aparición, en cada movimiento de la sinfonía, de la melodía principal del primer allegro.  El día 16 de abril de 1830, Berlioz escribe en una carta a su amigo Humbert Ferrand que acaba de apuntar la última nota de una obra que me satisface por completo. Verdaderamente, debió sentir un inmenso alivio al ver finalizado un proyecto que llevaba gestándose más de un año, pero las continuas correcciones que llevó a cabo sobre la partitura y su decisión de no enviarla a la imprenta hasta 1845, demuestran que era un hombre minucioso en el trabajo, y que necesitaba pasar por encima de lo ya escrito una y otra vez.

Algo similar ocurre con el programa literario que inspira cada uno de los movimientos y que el autor se tomó la molestia de repartir entre el público antes del estreno. La primera idea de Berlioz consistía poco menos que en la lectura previa del programa como condición indispensable para la comprensión integral de la obra. No obstante, él mismo fue realizando cambios en dicho argumento entre 1830 y 1855 y terminó admitiendo que la obra puede ser entendida sin el programa, manteniendo únicamente los títulos poéticos de cada movimiento (Colgaré la traducción al español de los diferentes programas en breve). Si bien es cierto que sería una frivolidad considerar a Berlioz como “el inventor de la música programática”, debemos admitir que, a partir de la Fantástica, el género queda establecido con suficiente personalidad como para suponer un camino abierto para que otros procedieran a explorarlo. En realidad, la existencia de un hilo literario dentro de la sinfonía se debe a la condición de Berlioz como verdadero narrador. De hecho, se puede afirmar sin temor a caer en equivocación, que, de entre los compositores de toda época que tentaron sus cualidades como escritores, Berlioz no sólo es el mejor, sino que además lo fue por vocación. El eje central de la estética musical berlioziana lo constituye la creencia en un tipo superior de arte integrado por la unión de música y poesía, lo que él denominaba “la música expresiva”. En esta sinfonía de juventud, la poesía se encuentra in absentia, pero a partir de la década siguiente, tenderá a incorporar la voz humana como un elemento más de su extensa paleta orquestal.

En las obras de Berlioz es muy frecuente el encontrar “autopréstamos”, es decir, ideas musicales propias que considera especialmente valiosas, pero que provienen de otras obras generalmente menos importantes. De este modo, la misma idée fixe no es original de la Fantástica, sino que proviene del movimiento inicial de su cantata Herminie, que presentó al Premio de Roma en 1828 y que quedó en segundo lugar. Asimismo, la entrada de las cuerdas al comienzo de la sinfonía, puede ofrecer una explicación a muchos interrogantes que plantea la obra: Se trata de la melodía de un ingenuo romance que compuso durante su adolescencia y que destruyó (David Cairns opina que, para Berlioz, “destruir” significa a menudo “guardar cuidadosamente”) antes de partir a París: La melodía de este romance (puede leerse el romance más abajo, en el apéndice I) se presentó con humildad ante mi mente cuando comencé a escribir mi Sinfonía Fantástica en 1929. Me parecía adecuada para expresar la infinita tristeza de un joven corazón torturado por un amor desesperanzado. La escribí sin modificar una sola nota. Hace referencia con estas palabras a su enamoramiento de una muchacha unos años mayor que él, Estelle, que marcó su adolescencia. En los últimos años de su vida, Berlioz volvió a acercarse a ella e incluso llegó a pedirle matrimonio. Así pues, si bien es Harriet Smithson la persona que inspira la composición de la sinfonía, parece que otras figuras femeninas también tienen cabida en ella. Efectivamente, este loco enamorado de Harriet, en abril de 1830, es decir, antes de concluir la sinfonía, ya mantenía una nueva relación con Camille Moke. Una vez superado el episodio pasajero de Camille, contrajo matrimonio con Harriet en 1833. No tardaron mucho tiempo en separarse y Berlioz adoptó una nueva compañera, Marie Recio. Todo ello indica que la verdadera “idea fija” de la vida del compositor fue su predisposición hacia el sentimiento amoroso unida al exagerado y perenne sufrimiento ante las penas del corazón. Así pues, puesto que la melodía de la idée fixe, guarda una considerable relación con el citado motivo inicial de la sinfonía (el de Estelle, el del amor de toda una vida), se podría concluir que, más que representar a Harriet, lo que verdaderamente indica la presencia obsesiva de este motivo musical es el espíritu berlioziano, su vague des passions, su propensión hacia las emociones: Sólo he encontrado una forma de satisfacer por completo esta enorme propensión hacia las emociones: la música. Arte y vida tienden a mezclarse en la figura de Berlioz. Por ello, el conocimiento de sus escritos es una condición fundamental para una audición completa y, por descontado, para una interpretación coherente: ¿Cuál de estos dos poderes puede elevar al hombre a las más sublimes alturas: el amor o la música? El amor no puede dar idea de la música, pero ésta sí puede darla del amor… ¿Porqué separar lo uno de lo otro? Son las dos alas del alma.

Apéndice I. Este es el romance escrito por Berlioz en su adolescencia, basado en un poema de corte pastoril del escritor francés Jean-Pierre Claris de Florian (1755-94). Dice Berlioz en 1848: Entre otras obras, escribí una muy triste con un texto que expresaba mi desesperación al abandonar los bosques y los lugares honrados por los pies, iluminados por los ojos, y los pequeños zapatitos rosas de mi cruel belleza (Estelle). Esta descolorida poesía vuelve hoy a mi mente con el sol primaveral de Londres, donde me agobian mayores preocupaciones y una terrible ansiedad, hirviendo con furia concentrada al tener que enfrentarme también aquí a tantos obstáculos absurdos… He aquí la primera estrofa:

Je vais donc quitter pour jamais            Para siempre hoy abandono
Mon doux pays, ma douce amie,            Mi hermosa tierra, mi dulce amiga,
Loin d’eux je vais traîner ma vie             Lejos de ellos soportaré mi vida
Dans les pleurs et dans les regrets!        Entre lágrimas y penas.
Fleuve dont j’ai vu l’eau limpide,             Río cuyas aguas límpidas conocí
Pour réfléchir ses doux attraits,             Para reflejar sus encantos
Suspendre sa course rapide,                   Suspender su rápido curso,
Je vais vous quitter pour jamais.           Para siempre os abandono.

 ©2014 Enrique García Revilla

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Enrique García Revilla. PhD.
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15 Responses to Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Sinfonía Fantástica.

  1. José Luis says:

    Great!

    Por una semana no podré darme el gusto de volver a leer estas notas en el programa, in situ, ni poder saludarte si es que vas a asistir. Aquí tenemos la Fantástica quince días antes, con Krivine. Y Mullova estuvo el año pasado con el mismo concierto de Shostakovich, vaya programa. Ya tengo ganas de ver qué tal suena la Oscyl, pero me toca esperar.

    Sigo con las Memorias de Berlioz, despacito, divertidísimo y asombrado por lo bien que escribe, lo bien que sabe transmitir sus sentimientos y lo simpático y acerado de su ironía. De modo que situo muy bien lo que explicas, pero los añadidos más propiamente musicales, como lo de la “idée fixe” vienen de perlas. ¡Cuánta agua hay en el mar!

    Mil gracias

  2. La parte de Shostakovich la colgaré en breve.
    Ya sabes que Berlioz como escritor “aplasta a Balzac”, según Flaubert. No hay que pasarse, pero no hay duda de que es un verdadero escritor. Aunque esto no lo saben ni los franceses. Sí tengo intención de ir a ver esta “Sinfonía Magnífica”. ¿Ya te mudas de ciudad? Serán estos, entonces, días de muchos sentimientos enfrentados. Ánimo, que las mudanzas nunca debieron ser fáciles. La programación del Delibes ha sido siempre extraordinaria. Y la Oscyl también.

    • José Luis says:

      Inteligentísmo y terriblemente simpático, y no creo que ningun escritor le pueda enmendar la plana por esas Memorias. Lo que me llama la atención es que la versión recomendada sea la inglesa, ¿tanto le ignoran en Francia?

      No estoy de traslado, pero sí de exploración y preparación del terreno, y, efectivamente, con sentimientos encontrados día sí y día también. Lo de que la Oscyl es extraordinaria va al cajón del haber.

  3. En Francia, como en España, Berlioz es considerado como “un genial compositor”. Eso significa que no lo conoce nadie, pero que su nombre es sinónimo de algo elevado e intelectual. Su literatura no interesa a los filólogos ni a los lectores porque “es que de música no entiendo” o “tengo mal oído”. Para hacernos una idea, en París la Rue Berlioz, es una minúscula calle privada; la Plaza Berlioz es sólo una esquina de otra plaza más importante; y la Avenue Berlioz (¡Ah, una Avenida!) se encuentra dentro del ¡cementerio de Montmartre! .

  4. C’est la vie. Muchas gracias Joseba.

    • Regí says:

      Muy interesante tu artículo. Quisiera hacerte una pregunta. ¿La “idée fixe” de Berlioz en qué se parece y en qué se distingue de los motivos conductores (leitmotive) de Wagner?
      Teniendo en cuenta de el francés es mayor que el alemán y que éste lo admiraba, ¿es posible que Wagner se basara en la “idea fija” para construir sus motivos?

      Tengo entendido que este fenómeno – asociar una música determinada a un personaje, evento, etc. – es anterior a ambos compositores y que ya se da en el XVIII, aunque el uso que hacen los compositores citados es diferente, especialmente en Wagner, que los usa para construir su música dramática y que no son “fijos”, sino que se desarrollan de manera diferente a lo largo del drama.

      Dado que mis conocimientos musicales son muy limitados, te pediría, por favor, que me lo explicaras en versión “light”.

      Gracias.

      Rex.

  5. Pingback: OSCYL Shostakovich, Mullova: Concierto para violín, n. 1 | Les soirées de l'orchestre

  6. Hola Rex. La diferencia entre la “idea fija” de la Sinf. Fantástica y los letimotivs wagnerianos es muy simple y fácilmente observable mediante la audición: En Wagner, los motivos verdaderamente conducen la acción e identifican al Rin, los personajes, la espada y demás. Aquí no hay nada de eso. La melodía aparece en varios momentos de la sinfonía, indicando la obsesión del protagonista por la amada, y se ve transformada según el ambiente que requiere cada movimiento, pero no conduce la acción, ni identifica más que a dicha amada. No es un leitmotiv, aunque sí un estadio inicial, un protoleitmotiv.
    Te leo con regularidad. Con la cantidad de información que generas podrías abrir un blog. Así, toda esa lectura estaría abierta a todo el mundo. Gracias por tu comentario. Puede resultar útil a mucha gente diferenciar la idée fixe del leitmotiv.

    • Añado que, si uno quiere escuchar la Sinfonía Fantástica sin hacer caso del programa, observando tan sólo los títulos expresivos de cada movimiento, la obra funciona perfectamente y cada uno puede dar su propia interpretación del significado de esa idea fija. Así lo expresó Berlioz.

      • Regí says:

        Muchas gracias, Enrique. La primera vez que escuché la “Fantástica”, ni siquiera sabía que iba asociada a un programa y ya me impresionó. Tiempo después, me informé de que tenía un programa y lo leí. Muy interesante. La verdad es que en la disputa del XIX entre los partidarios de la música “pura” – Brahms, Schumann – y la “programática” – Berlioz, Liszt – llegamos a la conclusión de que el programa puede inspirar al compositor, aunque no es necesario que el auditor lo lea previamente, lo que se esperaba hiciera y que sería un engorro. Un ejemplo lo tenemos en Vivaldi y “Las cuatro estaciones”. Tras años de disfrutar con esta música, descubrí que tenía su programa, unas estrofas de un poema en verso, aunque desconozco si Vivaldi se inspiró en él o se trataría de una elaboración posterior. Lo que sí recuerdo es que Josep Carreras lo canta, aunque prefiero la versión de “sólo música” que, por sí misma, es tan descriptiva que no necesita “explicación”.

        Saludos.

        Rex

        PD. Si te apetece hacer algún comentario sobre mis rolletes y tienes tiempo, sería un placer para mis contertulio y yo mismo. Gracias.

  7. Puedes encontrar fácilmente en internet, los sonetos en los que se basó Vivaldi para las Cuatro estaciones, tanto en el original italiano como en diversas traducciones al español. El autor pudiera ser el mismo Vivaldi. Lo que no tenía ni idea era de que Carreras los había cantado. Casi prefiero no verlo. Sobre el significado de la música programática te puedo recomendar el primero de los conciertos para jóvenes de Bernstein con la Filarmónica de NY, titulado: ¿Qué significa la música? Pone un ejemplo muy bueno con el Don Quijote de Strauss. Creo que está en youtube.
    Un saludo, Rex.

  8. Pingback: La OBC y la Fantástica de Berlioz en L’Auditori | Ancha es mi casa

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