OSCYL Shostakovich, Mullova: Concierto para violín, n. 1

DIMITRI SHOSTAKOVICH (San Petersburgo, 25-IX-1906; Moscú, 9-VIII-1975)

Concierto para violín, nº 1, en La menor, Op. 99.

Viktoria Mullova. Puede verse un fragmento del ensayo con la Oscyl aquí.

Composición: c. 1949-1950. Estreno: Leningrado, 1955; Dir. E. Mravinsky; Violín: D. Oistrakh; Orq. Filarmónica de Leningrado.

Notas al programa (II) del concierto del 27 de marzo de la OSCYL en Valladolid. La parte referente a la Sinfonía Fantástica está aquí.

    El primer concierto para violín de Shostakovich se encuentra íntimamente ligado al nombre del violinista a quien está dedicado y que protagonizó su estreno: David Oistrakh. En la actualidad es posible conocer la versión de Oistrakh gracias al registro fonográfico que se realizó en su día. Se trata de un testimonio de altísimo valor, pues en él podemos admirar la versión que, suponemos, más debería acercarse a la voluntad del compositor: Por un lado tiene sentido pensar que el autor dedicó la obra a un violinista al que consideraba ideal para su intención musical y, por otro, ambos pudieron intercambiar sus pareceres sobre la interpretación. No obstante, desde el punto de vista estético del siglo XXI (y frente al aura de leyenda que rodea a dicho intérprete), da la impresión de que la versión de Oistrakh ha sido superada. Su estilo, impregnado de una formación bien asentada en la tradición del postromanticismo europeo, mostraba una concepción de esta obra no muy alejada de los grandes conciertos para violín del siglo XIX. En la actualidad, el concierto de Shostakovich se interpreta de una forma más desligada del pasado, con mayor ligereza, menor gravedad y mirando a la vanguardia, es decir, al propio siglo XX.

    Su primer movimiento, basado en una célula rítmica y melódica que recuerda inevitablemente al concierto para cello de Elgar, permite una doble interpretación en función del estado de ánimo del oyente y de su familiaridad con el lenguaje musical del autor. En primer lugar, tanto el perfil melódico como la orquestación, tremendamente oscura, pueden provocar un sentimiento de agobio existencialista, en la estética del grito ahogado del expresionismo europeo. Sin embargo, no constituye motivo de excepcionalidad el hecho de que la percepción del oyente familiarizado con las disposiciones interválicas shostakovianas, interprete los sonidos del nocturno como una especie de ataraxia o suspensión del ánimo y de los sentimientos. En este caso, la mencionada oscuridad deviene el sustrato psicológico de la serenidad, la calma y la meditación. Ciertamente, uno de los misterios de la música consiste en que, en ocasiones, un mismo estímulo musical es capaz de excitar mecanismos mentales diferentes en cada persona.

    El scherzo se presenta como un juego de exuberante vivacidad en el que introduce su propio “episodio de la vida de un artista”, en forma de una sección central basada en sonidos del folklore musical judío, como también hiciera en otras obras. Del mismo modo que Berlioz, el autor quiere dejar algo de sí mismo, la constancia de su propia presencia, en la partitura. Tan presente están su característico estilo, sus intervalos tan personales y los patrones rítmicos que emplea en numerosas composiciones, que la obra en sí constituye una enorme firma del compositor. Verdaderamente no hubiera necesitado estampar esa sucesión de notas: RE-MI♭-DO-SI, que equivalen a las letras DSCH, acrónimo de Dimitri Schostakovitch. Podría tratarse de una forma de autoafirmación ante la amenaza del régimen soviético. Oistrakh decía que era un movimiento demoníaco y, efectivamente, parece un homenaje a Paganini (quién sabe si la aceptación de un reto personal), en el sentido de que podría ser el divertimento resultante tras entregar un violín al demonio.

    En el passacaglia, el patrón del bajo se ve desdibujado, o mejor dicho, reconvertido en un nuevo ground adecuado a su propia intención expresiva, con reminiscencias fúnebres y un insólito diálogo entre el violín en su registro agudo y la tuba. José Luis, me indica que el pasaje central de este movimiento le lleva a pensar en otra obra concertante, la preciosísima La alondra elevándose de Vaughan-Williams. La sección pre-cadencia sobre un redoble de timbal simboliza la el sentimiento angustioso de Shostakovich y del ciudadano europeo ante el futuro próximo. No obstante, el autor guarda una sorpresa en este concierto en cuatro movimientos. Una cadencia ciertamente extensa, que no ofrece un extra de virtuosismo, pues éste es mayor en el resto del concierto, sirve para afianzar la rúbrica musical del autor mediante la recopilación sumarial –en un solo de violín- de los elementos característicos de su propio estilo. Su construcción, en un estilo ascendente en cuanto a tensión, llega a explotar en un último y brillante movimiento alejado de cualquier intención de humanización del arte. Sólo el título, burlesca, ya indica una adscripción a la vanguardia un tanto frívola y exenta de toda proyección sentimental.

    Oistrakh indicó que no se trata de una obra fácil para el público y que es preciso “convivir un tiempo con ella para terminar apreciando su significado”. Si verdaderamente Oistrakh fue sincero al emitir semejante afirmación, teniendo en cuenta el grado de conocimiento que alcanzó de la obra y de su compositor, hemos de preguntarnos hasta qué punto comprendemos los oyentes medios esta obra y cuántas audiciones necesitaremos para acceder al significado completo de la misma. En nuestro favor podemos indicar que tal vez le faltaba la perspectiva histórica que hoy poseemos para comprender el arte del siglo XX y que por eso su visión en cierto modo decimonónica de la obra hoy no parece encajar.

© 2014 Enrique García Revilla

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Enrique García Revilla. PhD.
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5 Responses to OSCYL Shostakovich, Mullova: Concierto para violín, n. 1

  1. José Luis says:

    He tenido la suerte de escucharlo en directo un par de veces (Kachatryan, para morirse -de bien- y Mullova) y no sé si lo llegaré a entender nunca, pero cada vez lo disfruto más. Es muy curioso eso de que la musica pueda producir sentimientos tan distintos, casi opuestos.

    Veo aún más The lark ascending en el pasaje central de la passacaglia que a Elgar en el primer movimiento

    Y no te digo nada de tu programa, porque me repetiría 🙂

  2. La alondra elevándose. Sí, perfectamente. Además es una obra preciosa. Pego un enlace a Janine Jansen, que en el tuyo se te “chispoteó” un Shostakovich diferente.

  3. Blanca says:

    Hola,

    Saliéndome del tema que os ocupa quería comentarte algo que te puede interesar.

    En mayo han programado un ballet en el teatro Arriaga de Bilbao. Se trata de Orfeo y Euridice de Gluck, arreglo de Berlioz.

    Yo voy principalmente por Gluck, pero será interesante ver como Berlioz convirtió su ópera en ballet. Esta es la opción que mejor me encaja para celebrar el aniversario de Gluck, además en Burgos los ballets son :(.

    • Hola Blanca, Además es ballet con orquesta (no con CD-megafonía-lata), que no es poco importante. Espero que lo pases bien. El arreglo de Berlioz es respetuoso con Gluck. Berlioz aprendió música estudiándose las partituras de Gluck. Le idolatraba y le consideraba el Shakespeare de la música. La partitura original del Orfeo tenía cosas que Berlioz consideraba producto de la pereza del autor como: “aquí violas doblan a los bajos”. Berlioz vino a completar algunas cosas y a adecuarlas para una celebrada reposición del año 1859 con Pauline Viardot como Orfeo.

      • Blanca says:

        Vaya gracias. Muy interesante, no sabía exactamente qué ni porqué había arreglado Berlioz esta ópera convirtiéndola en ballet.

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