Osbu, Cuadros de una Exposición, Solo e Idomeneo

Orquesta Sinfónica de Burgos. Dir: Javier Castro

Concierto del 4 de mayo de 2014. Forum Evolución Burgos 20:30.

Concierto del 13 de mayo de 2014. Teatros del Canal, Madrid.

Mussorgsky: Cuadros de una exposiciónAlberto Hortigüela: Solo (Estreno en España), Mozart: Obertura de Idomeneo

Notas al programa.

WOLFGANG AMADEUS MOZART (Salzburgo, 1756- Viena, 1791)

Obertura de Idomeneo, rey de Creta, K. 366.

Composición: Octubre de 1780- enero de 1781.

Estreno: Munich, 29 de enero de 1781. Director: Mozart.

    Uno no puede dejar de admirarse al reconocer el profundo conocimiento que, hasta el siglo XX, Occidente ha tenido de sus raíces, en este caso de la mitología Griega. Mozart podía haber escogido como héroe de su ópera a Ulises, a Agamenón o a cualquier otro de los personajes principales de la Ilíada y, sin embargo, reparó en la potencialidad dramática de Idomeneo, que fue uno de los reyes vencedores en Troya (en realidad, también es posible que la elección del tema no fuese únicamente decisión de Mozart). La epopeya homérica reservaba para él un destino similar al de Odiseo, pues cuenta con la oposición de Poseidón, el dios del mar, para regresar a su patria. Un joven Mozart que cumplió veinticinco años durante uno de los ensayos previos al estreno, compuso en tan sólo unas horas esta obertura en la brillante tonalidad de re mayor. Una sección del público no comprendió que el final de la obertura no obedeciese a esa misma brillantez con un acorde en forte y se desvaneciese en un sencillo piano, con el que Mozart dejaba la acción abierta al drama. La_Grande_porte_de_KievComo parte de un concierto articulado, ese drama al que Mozart abre la puerta será retomado y expuesto por el monólogo orquestal de Alberto Hortigüela, Solo, y la entrada triunfal en la patria cretense cobrará el aspecto que Mussorgsky ideó para su Gran puerta de Kiev.

 ALBERTO HORTIGÜELA (Burgos, 1969)

Solo (Estreno en España)

Composición: 2005

Estreno: Stuttgart, febrero de 2006. Orquesta de la Radio de Stuttgart (SWR). Director: Johannes Kalitzke

    La lectura de algunos monólogos teatrales del escritor Samuel Beckett se encuentra en

Alberto Hortigüela, compositor

Alberto Hortigüela, compositor

el origen de la obra Solo, concebida como monólogo orquestal. La orquesta es así tratada como un único instrumento pleno de potencialidades tímbricas. La radical economía de medios que Beckett lleva a cabo se ha intentado reflejar a través tanto de la fragmentación del aparato orquestal, que en pocas ocasiones aparece sonando en su totalidad, como de la temporalidad fragmentada de los materiales. Este tipo de transformación, tanto sonora como temporal, pretende originar un tipo de discurso musical que incentive la capacidad del oyente para retener y relacionar lo escuchado.

MODEST MUSSORGSKY (Karevo, 1839- San Petersburgo, 1881)

Cuadros de una exposición

Composición: 1874. Orquestación de M. Ravel: 1922.

Estreno: París, 19 de octubre de 1922. Director: S. Koussevitzky.

    En las civilizaciones antiguas, la inmortalidad consistía, en gran medida, en la pervivencia de la fama, de tal modo que el individuo no moría si, a los pies de su tumba, un peregrino se detenía y pronunciaba el nombre del difunto allí sepultado, grabado en la piedra del miliario. Esto mismo es lo que ha podido ocurrir con el pintor de segunda fila Viktor Hartmann, cuyo nombre no pronunciaríamos hoy si dos leales amigos no hubiesen dispuesto la composición de una obra musical para perpetuar su memoria. Uno de los intelectuales más influyentes del ámbito peterburgués, Vladimir Stassov organizó, en la primavera de 1874, una extensa exposición de lienzos de Hartmann, y Mussorgsky concibió la idea de representar en una obra para piano su propio deambular ante los cuadros, mostrando los diferentes estados de ánimo causados por cada uno de ellos. Dicha obra, titulada Cuadros de una exposición, ha quedado como pieza del repertorio virtuosístico para piano. Sin embargo, la mayor parte de las interpretaciones que tienen lugar en la actualidad obedecen a la orquestación que Ravel llevó a cabo en 1922. Dicha partitura orquestal (que introduce algunas notas nuevas en La gran puerta de Kiev)no sólo refleja con toda la fidelidad posible la esencia musical de Mussorgsky, sino que potencia, a través del timbre, la expresividad que el piano, por naturaleza, no alcanza a ofrecer. El perfeccionismo es, sin duda, la característica más sobresaliente del estilo raveliano, cuya orquestación, equilibrada y completa concede a casi todos los instrumentos algún pasaje con la notoriedad de solistas. La versión de Ravel no fue la primera, pero sí es la más importante, hasta el punto de que orquestaciones anteriores llevadas a cabo por músicos destacados, como Sir Henry Wood o Tushmalov (esta última con el visto bueno de Rimsky Korsakov) (Toño Martín, violinista de la Osbu, me ha hablado también de la orquestación de Stokovsky) fueron desapareciendo paulatinamente de las programaciones al no poder soportar la comparación con la de Ravel.

Cada uno de los movimientos recibe el nombre de una de las pinturas de la exposición, salvo algunos, que adquieren la denominación de promenade, indicando así el desplazamiento del compositor desde que termina de contemplar una obra hasta que se sitúa frente a otra. Dicho desplazamiento no es rítmico, es decir, no podría ser representado como una marcha (pongamos con un compás de dos por cuatro), sino que requiere la lógica ambigüedad en el compás de quien pasea con cierta aleatoriedad en el interior de un museo. Para ello, Mussorgsky juega con la original alternancia entre los compases de cinco por cuatro y seis por cuatro, (José Luis indica con tino en uno de los comentarios -abajo-, que la primera Promenade es menos indecisa porque corresponde a la entrada al museo) un detalle que puede resultar curioso a unos oídos educados en el academicismo europeo, pero que es usual en el folklore y que aquí viene a subrayar la esencia rusa de la obra. La orquestación de Ravel matiza los colores europeos con dorados y púrpuras que permiten que hasta las canciones de los niños que juegan a burlarse unos de otros en el parisino jardín de Las tullerías, suenen más a una primavera campesina rusa que a una “ciudadana y civilizada” Francia. Algo similar ocurre con la melodía de El viejo castillo, teñida de folklore popular ruso, generalmente tan triste y anhelante, que se basaba supuestamente en un cuadro que representaba un castillo francés (sólo se conservan dos pinturas de castillos de Hartmann y ambos son franceses). Esa melancolía intrínseca del alma rusa, se encuentra asimismo en la melodía de Bydlo, un carro tirado por bueyes que se acerca pesadamente desde la lejanía. El componente hebreo de dicha melodía llega a conferir al movimiento cierto tremendismo y un hado trágico. El promenade que viene a continuación surge impregnado de dicha tragedia, que se esfuma por contraste ante el alegre ballet de los niños que, en su función escolar,  juegan, disfrazados de pollitos, a salir de sus cáscaras. El componente hebreo que acabo de mencionar (desde que Wagner escribió El judaísmo en música hay que andarse con pies de plomo cada vez que se hace referencia a este tema), sale a la luz en Samuel Goldenberg y Schmuyle, un cuadro que representa la discusión de “dos judíos, rico el uno, con sombrero de piel y pobre el otro”. Dicha escena debió vivirla Hartman en un gueto judío del sur de Polonia en 1868. Según parece, la disputa termina ganándola el pobre, Schmuyle. Hartmann_-_Hut_of_Baba_YagaEl bullicio de La plaza del mercado de Limoges, y el carácter tétrico de sus Catacumbas adelantan una retórica descriptiva que ilustra de manera clara la admiración que el Prokofiev de Romeo y Julieta profesaba por Mussorgsky. (También hay una importante cita wagneriana al funeral de Sigfrido de El ocaso de los dioses entre el 47′ y el 47′ 16”) Con los muertos en la lengua de los muertos, asemeja un interludio, previo al gran final, consistente en una versión fúnebre del promenade que conduce con una exquisita orquestación a la leyenda de la malvada bruja Baba Yaga. Este personaje habitaba en una cabaña dotada de dos patas de gallina que, en el corazón del bosque, cambiaba su orientación hacia el sendero por el que se acercasen niños extraviados a los que la bruja devoraba. La casita con patas se transforma, mediante un pasaje de escalas orquestales y un redoble de tambor, en la majestuosa Gran Puerta de Kiev, el brillante movimiento final que alterna varios momentos de clímax con secciones reposadas en un inusitado perfil de sierra dentada hasta su culminación en una manifestación apoteósica del espíritu colectivo de la nación rusa.

 

©2014 Alberto Hortigüela (Solo) y Enrique García Revilla (Idomeneo y Cuadros)

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Enrique García Revilla. PhD.
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8 Responses to Osbu, Cuadros de una Exposición, Solo e Idomeneo

  1. Hesperetusa says:

    Hace mucho tiempo que no escucho “Cuadros de una exposición” cuando la escuché tantas veces. Es una de esas obras que sirven de descubrimiento en la adolescencia, pero luego como me ha pasado con otras la he ido dejando. Ahora mismo creo recordar que no la tengo en ningún Cd…, y tengo bastantes. Creo que la última vez que la escuché fue en un concierto en directo. pero ahora leyendo tu artículo e ido recordando cada cuadro, cada melodía, y he ido retrocediendo en el tiempo.

    La obra de estreno, “Solo”, supongo que será más difícil poder escucharla que volver sobre la obra de Mussorgsky.

    Hacía tiempo que no pasaba por tu blog y eh visto que los artículos han dado para largos diálogos, pero el trabajo apenas me permite mantener el mío y me pierdo cosas a las que llego a destiempo.

    Un saludo.

    • Creo que mucha gente se identificará con tu comentario sobre los Cuadros. Gracias. Nunca se sabe cuándo volveremos a la obra de Hortigüela, un autor bien conocido en Alemania en el ámbito de la música contemporánea. Se trata de una obra audible y disfrutable incluso para los escépticos de la composición actual.
      También yo necesito días de 25 horas… o la pastillita del futuro para no necesitar dormir más que un par de horas. Un saludo.

  2. José Luis says:

    Vamos siguiéndonos, este año la OBC cierra la temporada con los Cuadros. No es una obra que me entusiasme, todo está muy bien pero el conjunto me deja siempre un poco frio y no sé si no deberá algo de su popularidad al programa.

    Me ha gustado mucho lo que explicas de las Promenades, supongo que la primera es menos indecisa porque debe ser la entrada al Museo. 🙂

  3. Cierto. Es una obra puramente de programa y de intención didáctica. Eso la convierte en “obra para todos los públicos”, (yo aún diría más: para todos los públicos -así hablaba un personaje de Tintín). Incorporo tu puntualización de la primera promenade al texto. Bien visto, comisario 😉

  4. rexval says:

    Mussorgsky es uno de mis compositores favoritos, especialmente por su Boris, pero no solo por esta obra. Como a Bruckner siempre había alguien dispuesto a enmendarle plana, fuera Rimsky-Korsakof o el mismo Shostakovich. Una pena. En ambos casos, el original siempre es mejor. Lo que sucedía era que los “benefactores” no eran capaces de de reconocer la calidad originaria. Entre el alcoholismo de uno y la falta de confianza del otro, se dejaban “asesorar”. Menos mal que Abbado y Gergiev se han dedicado a rescatar lo que otros habían cubierto de esteticismo hueco. A este respecto, muy aconsejable escuchar la versión original de “Una noche en el monte pelado” por Abbado. Vive la différence !!!

    Regí, en versión original.:D

    PD. No sé si estaré flipando, pero, sin dejar de ser ruso de pura cepa, al Boris le veo influencia wagneriana. ¿Es possible?

  5. Por supuesto que hay wagnerismo en el Boris, y eso que es una obra suficientemente “temprana” (1874) como para que el autor no conociese El anillo completo. La verdad es que hasta Pushkin me parece wagneriano. De Rusia, desde la ensaladilla y los polvorones, me gusta casi todo (sobre todo por encima de 0 celsius). 😉

  6. Pingback: La OBC y Cuadros de una exposición en L’Auditori | Ancha es mi casa

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