No a los deberes: Lo que no hace un niño por las tardes (y lo que sí hace)

Debajo de mi casa tengo hoy esta lección de lengua, de cono, de historia, de mate y de vida. Nos la perdemos porque hay deberes

Debajo de mi casa tengo hoy esta lección de lengua, de cono, de historia, de mate y de vida. Nos la perdemos porque hay deberes

Cosas que no hace un niño de ocho años una tarde de diario:

-Bailar

-Hacerse una cabaña bajo un árbol.
-Ver cómo se ha revuelto el río con la lluvia.
-Ver cómo las urracas van siempre en pareja.
-Hacer deporte.
-Sudar.
-Tocar la guitarra.

Esta imagen de Carlitos ya no se repetirá. Gracias a la enorme cantidad de deberes que le pone su maestro del colegio, ha dejado el conservatorio.

Esta imagen de mi hijo Carlitos ya no se repetirá. Gracias a la enorme cantidad de deberes que le ponen en el colegio, ha dejado el conservatorio.

-Contar cuántos días quedan para navidades.
-Dar un grito en la calle.
-Jugar con sus amigos.
-Bailar con sus hermanos.
-Reír con un chiste nuevo de un amigo.
-Cantar.
-Estrechar lazos de amistad.
-Pelear con sus hermanos.
-Comprobar a qué hora anochece en esta época.
-Escuchar una batallita del Quijote a propósito de un busto de Cervantes del parque.
-Merendar al aire libre.
-Jugar al aire libre.
-Respirar el aire libre.

Nunca hubo madre alguna que dijera: "El mejor momento del día es el de hacer los deberes con mi hijo"

Nunca hubo madre alguna que dijera: “El mejor momento del día es el de hacer los deberes con mi hijo”

-Ver dibujos animados.

-Reír con sus padres.
-Leer.
-Un largo etcétera.

Cosas que sí ha hecho hoy un niño de ocho años:
-Ir al dentista
-Tarea (entre 2 y 3 horas)
-Escuchar la regañina de su padre por tratar de ocultarle que tenía más tarea de la que decía tener.
-No hay etcétera.

Por favor, que nadie intente convencerme de que seis horas de colegio no son suficientes. Aprender es un concepto muy amplio. Hacer deberes en primaria es algo prescindible teniendo en cuenta la cantidad de cosas que hay por aprender y por vivir cada tarde.
A propósito del artículo anterior publicado en este blog, he recibido muchos mensajes de gente que está de acuerdo. También de algunos que dicen no estarlo. Les pido que abran su mente, olviden su soberbia, no se hagan las víctimas porque en este asunto no lo son, y rectifiquen. La víctima es el niño: Dicen los artículos 9 y 7 de la Declaración de los derechos del niño, de la ONU, Ginebra, 1959:

“El derecho a la protección contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación.”
“El derecho a actividades recreativas y a una educación gratuita”

Evidentemente, lo que se comenta en la calle sobre este asunto puede herir susceptibilidades de muchos de nosotros. De momento, guardo las formas y trato de expresarme con mesura.

Diez razones para dejar de mandar deberes, aquí

Huelga de deberes en Francia. Son antipedagógicos

Los deberes ahogan al niño. En Francia están prohibidos entre los 6 y los 11 años.

Todos los días hablo con algún padre que afirma que hace una parte de los deberes del hijo, "porque si no es imposible"

Todos los días hablo con algún padre que afirma que hace una parte de los deberes del hijo, “porque si no es imposible”

Si trabajamos tanto en casa, ¿qué es lo que hacen en clase? Si lo hacemos casi todo aquí, casi sería mejor no enviarlos al colegio.

Si trabajamos tanto en casa, ¿qué es lo que hacen en clase?Parece (sé que no es así) que muy poco. Si lo hacemos casi todo aquí, casi sería mejor no enviarlos al colegio.

 

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About enriquedeburgos

Enrique García Revilla. PhD.
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12 Responses to No a los deberes: Lo que no hace un niño por las tardes (y lo que sí hace)

  1. José Luis says:

    Estás incendiado… y yo creo que con toda la razón, o al menos, con mucha. Habría q

    • José Luis says:

      (sigo 🙂 ) ue ver cuanta compañía se encuentra para este viaje. Poca sociedad civil tenemos, pero el asunto, el particular de los deberes y el general que de él se desprende, es importante e interesa. Plataforma para la renovación revolucionaria de la enseñanza en España. PPRREE. Seguro que himno le encontramos pronto 😀

  2. Gracias, José Luis, como siempre. Estoy muy preocupado por este exceso que admitimos como “es lo que toca”.
    Ya ves que siempre he querido evitar meter contenido extramusical en el blog. En este caso, como en Berlioz, la referencia autobiográfica se cuela inevitablemente en la obra.

  3. Creo que tus dos últimos post tienen que ver mucho con la música.

  4. José Antonio says:

    Las tareas y deberes lamentables que en mayor parte se encargan para casa, dice mucho de la enseñanza que mayormente reciben nuestros niños.
    Penoso.

  5. rexval says:

    El dilema deberes sí, deberes no es muy, pero que muy antiguo. Como soy maestro, pues eso, voy al grano. He leído los enlaces y me he encontrado con mucha demagogia. Mi postura es clara. Deberes sí, pero con mesura. Es imprescindible. Como también lo es la colaboración de los padres. Eso no quiere decir, como dije, que el niño no deba tener su tiempo para jugar. Es más. JUGAR es la actividad más SERIA que puede hacer un niño. Lo dijo Jean Piaget, mi referencia pedagógica junto a Paulo Freire. Estas personas saben del tema un montón.

    Me ha parecido muy demagógica la postura de alguien que decía que los deberes es algo “discriminatorio y de clase media”. Menuda estupidez, con perdón. Mi primer maestro fue mi padre, que ya está más allí que acá. Que nadie piense que era maestro porque no lo era. Era un obrero explotado que se levantaba todos los días a las cinco de la mañana para enfrentarse a 14 horas de cargar sacos de azúcar en la Coca-Cola. En lugar de irse al bar o a cualquier otra actividad, llegaba a casa, se duchaba, comía y nos juntaba a los cuatro hermanos para enseñarnos lo poco que sabía: leer, escribir y las cuatro reglas. Mi madre, que erea analfabeta, cosía mientras porque el salario de mi padre no llegaba.

    Estoy orgulloso de mis padres. En el tema que nos ocupa, su tiempo libre éramos nosotros Catorce horas de cargar sacos puede con cualquiera. Más si esos sacos eran de cien kilos. En cierta ocasión tuve que cargar con uno de 50 y casi me rompo en dos. Los fines de semana, mi padre nos llevaba a los cuatro – todos chicos – al río a jugar al fútbol. Otro se hubiera quedado en casa sentadito o tumbado. Y ¡hala! a jugar al fútbol.

    A los cuatro años ya quería yo ser maestro. Los niños aprenden por imitación. Si ven leer a sus padres, serán buenos lectores. Yo vi a mi padre enseñándonos a leer y quise dedicarme a la enseñanza. Los Reyes me dejaron una pizarra, un borrador y tiza. Yo, que era el mayor, cogía a mis hermanos y me los llevaba al balcón. Les ponía una copia y cuentas. Luego corregía y les ponía los puntos. Al acabar COU tuve que decidir qué ser: maestro, no me salía otra cosa.

    Música. Es doloroso, pero no me importa contarlo porque es cierto. Me ha hecho gracia lo de la “clase media”. Amigos, yo no estudié música porque mis padres no tenían dinero para comprarme una flauta, ni más ni menos. Es una espina que me ha quedado. Soy melómano analfabeto. Muchos de mis alumnos actuales van a clase de música sin flauta. Lo mismo, sus padres no son precisamente de clase media.

    Aprendí a tocar un poco la guitarra. ¿Sabéis por qué? Nos nos tocó la lotería, no mucho, un poco. Mi padre me dijo qué quería. Una guitarra. Mi hermano Emili también la quería. Y aprendimos un poco porque teníamos cerca de casa a un guitarrista que nos enseñó. Incluso fuimos a la Societat Coral “El Micalet” y tocamos “Mi favorita” a dúo. Ganamos el concurso y nos dieron una medalla a cada uno. La matrícula era barata, pero mi padre se quedó sin trabajo y lo tuvimos que dejar. Las guitarras las tuvimos que vender para poder comprar libros. Mi padre estuvo siete años parado con cuatro hijos. menos mal que mi madre cosía y se sacaba unas perras.

    Gracias a las becas que están eliminando, pude acabar el Instituto y hacer Magisterio. Con 15 años yo ya sabía lo que era trabajar por una miseria. Teníamos Música. Me compré la flauta. Valia 400 pts, es decir, algo más de 3 miserables euros. Aprendí la clave de Sol y el compás de compasillo. Redonda, blanca, negra, corchea… Fa, La, Do, MI y MI , Sol, Si Re, Fa. Bien poco, el a,e,i,o, u. Me esforcé una animalada, ya que en el País Valencià hay mucha afición de banda y yo partía de cero. Así y todo, acabé con un 10 de media y me presenté con un amigo para obtener Matrícula de Honor, que de deba derecho a cursar el nivel siguiente gratis. Tocamos una danza renacentista del siglo XVI para dúo de flauta de pico. Creo que aún sabría tocarla.

    Por aquella época, me entusiasmaba Raimon. Me compré su libro “Poemes i cançons”, que incluía las partituras. La mayoría eran muy sencillas: compás de compasillo, clave de Sol. Y toqué y toqué. Mi primera canción fue “Som” (Somos). También sabía tocar “Baixant de la font del gat”.y “Noche de paz”. La flauta se la regalé a un niño que, como yo, no tenía porque sus padres no se la podían comprar. En la vida hay cosas muy duras, más aún si afectan a los niños. “Clase media”. Conozco a unos hermanos del pueblo de mi nujer, que dista 8Km. de València. Son buenos en música. Les recomendaron ir al Conservatorio de València, pero no van. Sus padres no pueden pagar el metro. Rita Barberá subió un montón los bonos y no se lo pueden permitir. Es zona B y resulta bastante caro, sobre todo si cuatro personas tienen que ir y volver todos los días.

    Mi madre. Era analfabeta. Yo le di sus primeras clases y la lleve al Centro de Formación de Adultos donde trabajaba. Le encantaba aprender y – aún más – relacionarse con otras señoras de su edad. La verdad es que no aprendió mucho. Se le pasó el arroz. Hay un tiempo para todo. Por eso mantengo lo dicho, el tiempo de JUGAR es el de la INFANCIA, después ya no es lo mismo. No podrás, no tendrás ganas, ya no te apetecerá.

    Termino. Los Centros de Formación de Adultos son un lugar maravilloso para que acudan quienes no pudieron estudiar en su día por el motivo que fuera. He visto caras de alegría de señoras mayores que con lágrimas en los ojos me decían que ya eran capaces de contar cuentos a sus nietos. Pues bien, estos centros tienen sus días contados desde antes de la “crisis”. Como son de educación no obligatoria, los quieren cerrar. Alternativa: Internet – no me imagino a mi madre con un ordenador ni a ninguna de las abuelitas que tuve – o bien sueltas la pasta y te vas a una academia. Conozco alguna que es regentada por una persona que tuvo un cargo político relacionado con la educación y con la privatización de “Les escoletes”, escuelas de Infantil públicas en valenciano vendidas al por mayor a los amiguetes. Ahora dan “English for babies”, literal “Inglés para bebés”. Bebés con deberes. Sus papás piensan -equivocadamente – que si empiezan antes serán los MEJORES en el futuro. Cualquier pedagogo diría que no hay que forzar al niño, que hay que favorecer su maduración y esperar a la maduración. Cuando esté preparado entonces aprenderá sin problema. No importa cuándo, sino el cómo. Forzar a aprender a leer a un niño es la mejor manera de hacerle aborrecer la lectura para siempre. He conocido casos.

    Respetar al niño significa dejarle ser niño y darle tiempo para que juegue. Deberes sí, pero con moderación y siempre según las características del niño y su desarrollo evolutivo.

  6. rexval says:


    Esta era la pieza que aprendí. “Mi favorita” (anónimo)

    Y este es el enlace de la peli de JL, “Ser y tener”, excelente. Se habla de todo, incluyendo la relación escuela-padres y deberes. En español:

    En francés:

    Este enlace es para profes, pero no está mal que los vean los papis:

  7. Acepto la postura de deberes sí pero con mesura. El problema viene cuando, como ocurre en el caso de estos niños de ocho años, no hay mesura.

    • Efectivamente, Finlandia es otro mundo. Pero no me interesa ahora.
      Si nos queremos parecer a ellos hay que empezar a mejorar desde cada uno de nosotros, padres, maestros y alumnos y no culpar a los gobiernos del 100% de nuestros males. Reflexionar, tener la suficiente humildad para reconocer en qué nos equivocamos, y cambiarlo.
      Es tan sencillo: mandar deberes con moderación.

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