El primer encuentro entre Cherubini y Berlioz

Berlioz, Memorias, Capítulo IX:

Lesueur, viendo cómo avanzaban mis estudios de armonía, quiso regularizar mi situación dejándome entrar en su clase del Conservatorio. Habló de ello con Cherubini, a la sazón director de la institución, y fui admitido. Afortunadamente no se le ocurrió con este motivo presentarme al terrible autor de Medea, pues no creo que éste hubiera olvidado el enfrentamiento que habíamos tenido el año anterior: Tal como relataré a continuación, le hice montar en cólera hasta sacarle de sus casillas.

El único puesto fijo remunerado que ocupó Berlioz fue el de bibliotecario del Conservatorio (1852-1869)

El único puesto fijo remunerado que ocupó Berlioz fue el de bibliotecario del Conservatorio (1852-1869)

En cuanto accedió a la dirección del Conservatorio, en sustitución de Perne que acababa de morir, Cherubini quiso hacer notar su llegada a través de una normativa nueva en cuanto a la organización interior de la escuela, en la que el puritanismo no estaba precisamente a la orden del día. Con el fin de evitar que los alumnos de ambos sexos se mezclasen mientras no estuvieran bajo la supervisión de los profesores, ordenó que los hombres entrasen por la puerta del Fauburg-Poissonnière y las mujeres por la de la calle Bergère, puesto que ambos accesos se encontraban situados en los dos extremos opuestos del edificio.
Una mañana, dirigíame a la biblioteca e ignorando el decreto moral que acababa de ser promulgado entré, como hacía siempre, por la puerta de la calle Bergère, el acceso femenino. Estaba llegando a la biblioteca cuando un ujier me detuvo en el pasillo y quiso hacerme salir para que entrase por la puerta masculina y llegar al mismo sitio en el que me encontraba. Lo encontré tan ridículo que envié al uniformado vigilante a la porra y continué mi camino. El tipo quiso mostrar su celo profesional ante su nuevo jefe mostrándose tan estricto como él, así que no se dio por vencido y corrió a denunciar el hecho al director. Yo llevaba ya un cuarto de hora absorto en la lectura de Alceste sin acordarme de este incidente, cuando Cherubini, con aspecto cadavérico y seguido por mi denunciante, entró en la sala de lectura. Sus cabellos estaban más erizados de lo que era usual, sus ojos más furiosos y sus andares parecían más atropellados. Dieron una vuelta alrededor de la mesa en la que varios lectores se concentraban en sus libros. Después de haberlos examinado a todos sucesivamente, el conserje se detuvo delante de mí y gritó: “¡Es este!” Cherubini estaba tan furioso que permaneció un instante sin poder articular palabra:
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Es usted! -dijo al fin, con un acento italiano al que su cólera volvía aún más cómico-. ¡Es usted el que entra per la porta que, que, que io non quiero que pase!
-Señor, no conocía su orden. La próxima vez la cumpliré.
-¡La próxima vez! ¡La próxima vez! ¿Qué-qué-qué veñe usted a hacer qui?
-Como puede usted ver, señor, vengo a estudiar las partituras de Gluck
-¿Qué-qué-qué partituras ni qué estudiar Gluck? ¿E qui le ha dado il permesso para venir a-a-a la biblioteca?
-¡Señor! -también yo comenzaba a alterarme-, las partituras de Gluck son lo más hermoso que conozco en música dramática y no necesito el permiso de nadie para venir a estudiarlas. La biblioteca del Conservatorio está abierta al público de diez a tres y tengo derecho a estar aquí.
-¿Que tiene de-de-de-derecho?
-Sí, señor.
-¡Pues io le prohíbo tornare!
-Volveré de todos modos.
-¿Co-come-cómo se llama usted-cómo? -gritó temblequeando de furia. A lo que yo, palideciendo también, respondí:
-Señor, mi nombre tal vez le sea conocido algún día, pero hoy… ¡hoy no lo sabrá!
-¡Agárrelo! ¡A-a-agárrelo, Hottin, (así se llamaba el conserje) que io lo haré meter en prigione!
Y ante la estupefacción de los presentes, se pusieron a perseguirme ambos, jefe y empleado, alrededor de la mesa, volcando sillas y pupitres, sin poder alcanzarme hasta que huí a la carrera soltando con una carcajada estas palabras a mi perseguidor:
-¡No me detendrán ni sabrán mi nombre! ¡Y volveré aquí bien pronto para estudiar las partituras de Gluck!
Así fue mi primera entrevista con Cherubini. No sabría decir si lo recordaba cuando más adelante fuimos presentados de una manera más oficial. En todo caso, no deja de ser curioso que, doce años más tarde y muy a su pesar, fui nombrado primero conservador y después bibliotecario de esta misma biblioteca de la que él me hizo expulsar. En cuanto a Hottin, actualmente es el más abnegado de los mozos de orquesta de que dispongo y el más furibundo defensor de mi música, hasta el punto de que, durante los últimos años de la vida de Cherubini, sostuvo la idea de que yo era la única persona que podía suceder al ilustre maestro en la dirección del Conservatorio. Esta idea, no obstante, no fue compartida por el señor Auber .
Tendré oportunidad de contar más anécdotas similares sobre Cherubini, de las que podrá deducirse que, si bien él me hizo tragar algunas culebras, yo le lancé en respuesta más de una serpiente de cascabel cuyas mordeduras le dolieron no poco.

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About enriquedeburgos

Enrique García Revilla. PhD.
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7 Responses to El primer encuentro entre Cherubini y Berlioz

  1. rexval says:

    Muy interesante y muy bien traducido. Hace falta que alguien, no sé… Enrique Revilla p.e. , traduzca este libro que da gozo de leer y eso que lo hice en muy horrible francés de instituto – salí del insti a los 16 y tengo ahora casi 55 – y doy fe que vale la pena. Berlioz era un excelente escritor como Baudelaire, poeta. Ellos escribieron sobre Beethoven y Wagner respectivamente, y lo hicieron muy bien “malgré” que a los franchutes de la época y su “grandeur” no les ina lo germámico.

    Très bien, monsieur le traducteur.

    Regí

    PD. Algo he traducido yo por ahí. La conclusión es bien simple. El traductor, además de conocer el idioma a traducir, debe sintonizar con el autor, es decir, para traducir a un poeta, hay que ser poeta; a un músico, músico…. en caso contrario, nos encontramos con una traducción vacía y sin gracia.

    Y ya que estamos con Berlioz, tres cosas. Mousorgski murió con el tratado de instrumentación del francés y Mahler, además de fervoroso wagneriano, también admiraba a Berlioz, de hecho, su instrumentación debe mucho a la del francés. Cosa similar sucede con otro gran wagneriano, Strauss. A él se debe la “edición ampliada y corregida – por el´” del famoso tratado. Dicen que “añadió” los nuevos avances de Wagner al primitivo tratado berliziano.

    • Pues sí, en eso has dado en el clavo en cuanto a traducir a Berlioz: también pienso que una traducción para ser buena, debe ser como una interpretación musical: Es preciso conocer la intención del autor y tratar de expresarla con fidelidad al lector de la época actual. No basta sólo con ser traductor. Gracias por tus palabras.
      Es correcto lo que dices del tratado de instrumentación, ampliado por Strauss en 1904.

  2. rexval says:

    Hay dos “Memorias” que son un placer de leer: la de Berlioz y la de Da Ponte. Uno nos pone al día sobre la música del XIX; el otro, del XVIII. En ambos casos estamos antes lecturas muy amenas cuasi novelescas.

    • Muy cierto. No obstante, las de Da Ponte son mucho más pesadas. Han sido editadas en español por Siruela hace poco. Su lectura es bonita, pero no fácil, y se anda mucho por las ramas de cosas que no interesan. Para mí es un libro interesantísimo, pero no me cabe duda de que no tienen nada que ver con las de Berlioz, que son no sólo un documento excepcional para conocer el estado musical de Europa en el XIX, sino un ejemplo de literatura al más alto nivel. Da Ponte sería “mutatis mutandis” comparable a “Mi vida” de Wagner, que no se lo pone nada fácil al lector. Quien tenga la doble afición por la lectura y la música encontrará dos libros excepcionales en Berlioz escritor: “Mis memorias” y “Las tertulias de la orquesta” (que, por cierto, -aquí entre nosotros- saldrá a la venta a finales de esta semana, en su primera edición crítica en español 😉 ).

      • rexval says:

        Estaremos “a l’aguait”. No cabe duda de que Berlioz es un escritor estupendo escritor. A mí también me gusta más que Da Ponte. Creo que deberían haber “cortado” algún párrafo que no tiene interés en Siruela. Es lo que se hace con los libros antiguos cuando se andan por las ramas y pasan de las mil páginas.

        Mucha suerte, Enrique. Seguro que será de interés.

        Bonne chance!!!!

  3. H. says:

    Estimado amigo:
    Estoy entusiasmado de encontrar este texto, seleccionado y traducido, del que había oído hablar en mi búsqueda del Berlioz bibliotecario. Ya sé que Berlioz no dejó una huella palpable en la historia de las bibliotecas, sino en la de la música, pero es que me dedico a veces a encontrar huellas pequeñas. Me explico: soy bibliotecario, y escribo en la revista “Mi Biblioteca” (Fundación Alonso Quijano) una sección llamada “bibliotecarios insignes” con breves biografías de personajes célebres que han sido bibliotecarios -y no célebres bibliotecarios, sino célebres escritores, músicos, políticos, etc. que generalmente han tenido el oficio de bibliotecario por razones alimenticias. Para el próximo número estoy escribiendo el artículo sobre Berlioz, donde el delicioso episodio de su primer encuentro con Cherubini, precisamente en la biblioteca que más tarde dirigiría, tiene un gran valor. Le solicito permiso para reproducir y citar en mi artículo un fragmento de este texto que, según creo, veremos publicado por Akal el año que viene (lo que también mencionaría en mi artículo si no tiene inconveniente).
    Un saludo.
    Honorio Penadés
    honorio.penades@gmail.com

    • Muchas gracias, Honorio. Me alegro infinito de su interés por la figura del bibliotecario insigne en otras lides, pero desconocido como bibliotecario. De hecho, supongo que conoce el dato, este fue el único puesto de trabajo que tuvo Berlioz en su vida, pues lo de ganarse el sustento como compositor no era nada fácil si no se dedicaba uno a componer música de consumo (variedades, popurrís, o incluso óperas según la moda). No dude, por descontado, en contar con mi ayuda en cualquier asunto en el que pudiese resultarle útil, especialmente en “asuntos berliozianos”. Y por su puesto, tiene mi permiso para citar este texto sin problemas. Espero que la nueva edición de las memorias de Berlioz en español salga al mercado a lo largo de 2017, editado por Akal, con la misma calidad que “Las tertulias de la orquesta” (ciertamente ésta última es, en toda regla, la obra de un bibliotecario: alguien que ve, escucha y tiene inquietud por dar a lo que observa una forma literaria). Un saludo afectuoso.

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