Sobre el concierto de año nuevo. OSBu: Chapí y Strauss.

Zarzuela y valses en torno al concierto de año nuevo

Notas al programa del concierto de la Orquesta Sinfónica de Burgos. 30 de diciembre de 2015

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Orquesta Sinfónica de Burgos

Tras los actos de celebración de su décimo aniversario, la Orquesta Sinfónica de Burgos inaugura nueva década con la interpretación, por vez primera, de un programa integrado en su mayor parte, por obras de la familia Strauss. Se trata de un repertorio que, debido a la celebridad del Concierto de año nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, se encuentra ligado ya de forma irremediable a las fiestas navideñas y de año nuevo. A pesar de ello, o tal vez debido a ello, el repertorio straussiano ha contado desde siempre con la hostilidad y oposición de un tipo de aficionados melómanos que ven en él un arte, dicen, melódico en demasía y que responde, principalmente, al gusto de las clases sociales aristocráticas. Desde estas líneas tan solo podemos justificar este concierto de la OSBu, exponiendo el criterio de la mayoría de compositores, directores e intérpretes que llevan más de un siglo interpretado esta maravillosa música: La obra de los Strauss responde a un torrente artístico creador sin parangón en la historia de la música. El hecho de que la esencia melódica sea evidente, lejos de constituir una contrariedad, ofrece la posibilidad de reconocer un grado altísimo de inspiración melódica y armónica, además de un inteligente y equilibrado manejo de los timbres.

La familia Strauss.

    Desde el punto de vista musical, la factura straussiana de valses, polkas y marchas no se queda en mero divertimento o música exclusiva para danza de salón. Mucho más allá, se trata de una refinada estilización de aires populares centenarios que los pueblos germánicos y magiares danzaron durante varias centurias. Dicha estilización se vio sublimada ante la necesidad de la nobleza vienesa de acompañar musicalmente sus veladas palaciegas. Para ello, la Viena decimonónica tuvo la suerte de ver nacer con el siglo la figura de Johann Strauss, un violinista que comenzó pululando entre tabernas y que (lejos de la figura patriarcal de un, digamos, J.S. Bach) acabó abandonando a mujer y prole. Varios de sus hijos aprendieron música y convirtieron el apellido Strauss en el referente de la vida musical de la ciudad. Fue el otro Johann, el hijo, el más grande de todos, quien a la muerte del padre en 1849, unificó las orquestas de baile bajo su propio apellido y condujo este tipo de música a su soberbia aristocratización, consiguiendo el respeto de los más avinagrados críticos y de colegas compositores de uñas afiladas, del estilo de Wagner o Brahms.
El tercer cuarto del siglo XIX vio los mayores triunfos de la música de los Strauss, uno de los cuales nos interesa aquí por tratarse del primer encuentro entre Johann y la Filarmónica de Viena. Fue en el año 1873 en que, desde el primer atril, como siempre había hecho, Johann Strauss hijo dirigió a los filarmónicos el estreno de su vals Sangre vienesa. Cuatro años después, durante la Exposición Universal, hizo lo propio con el que se convertiría en segundo himno nacional austríaco, An der Schönen Blauen Donau, En el Bello Danubio Azul. Strauss colaboraría en un par de ocasiones más con la Filarmónica, siendo la última en 1899, en la que supuestamente contrajo una neumonía que le habría de llevar a la tumba unos meses después.

Los años oscuros

    Tras su fallecimiento llegaron unos tensos años en los que Carlos I sucedió en el trono a su abuelo, el emperador Francisco José I, en mitad de la primera Gran Guerra europea, la que llevaría a la desmembración del imperio austro-húngaro. La música de Strauss permaneció muda hasta 1921, año de inauguración del famoso monumento conmemorativo que su ciudad le dedicó. Arthur Nikisch, uno de los padres de la moderna dirección de orquesta, tuvo la deferencia de acordarse de él y ofrecer un concierto que incluía varias obras suyas, resucitando así de la memoria colectiva vienesa una música que sentimentalmente les pertenecía. Hubo que esperar, sin embargo, hasta 1929 para que un músico con la personalidad del vienés Clemens Krauss decidiera programar un concierto con obras exclusivamente de los Strauss ¡en el elitista festival de Salzburgo! El éxito fue tal, que se repitió durante un lustro seguido en dicha cita veraniega.
Mientras tanto, en lo político, las cosas, lejos de mejorar se asomaban al abismo. En 1938 el partido nacional socialista alemán mueve ficha con la anexión del solar austríaco, el llamado Anschluss. Llama la atención que algo tan profundamente arraigado en la cultura austríaca como es la música de los Strauss triunfase con la institución de un concierto anual ante las autoridades alemanas a partir de la Nochevieja de 1939. A pesar de la contienda, el director consiguió que este concierto se repitiese cada año el día de año nuevo desde 1941.
Krauss dirigió el concierto de año nuevo hasta 1954, año de su muerte inesperada. En las temporadas del 46 y 47 fue Josef Krips, otro de los “legendarios” quien tuvo el honor de llevar la batuta, seguramente sin ser consciente de la relevancia que dicho concierto adquiriría en breve.

La consagración: Boskovsky

    La orquesta se vio forzada a buscar un director de urgencia para el concierto de 1955. Con buen criterio, aunque sólo con cierto carácter de interinidad, se decidió que fuese Willi Boskovsky el nuevo director. Éste, volviendo a la tradición straussiana de dirigir tocando el violín, imprimió su carácter de tal manera que todos quisieron que permaneciera en el puesto y así ocurrió hasta 1979. La Radio Televisión austríaca, por su parte, comenzó a retransmitir los conciertos desde 1959, fecha en la que el concierto de año nuevo pasó a trascender la sala dorada del Musikverein. Desde entonces un número creciente de países retransmiten el concierto que, ya con Boskovsky, requiere una excelencia interpretativa de primer orden, pues nadie se arriesga a un fracaso con las cámaras de televisión de medio mundo como testigos.
Tras la retirada de Boskovsky, elevado a la categoría de leyenda, el espíritu siempre conservador de los austríacos encontró en Lorin Maazel el director consagrado que parecía amoldarse al puesto con mayor naturalidad. Inequívocamente respetuoso, Maazel, rindió homenaje a Strauss y Boskovsky dirigiendo como concertino en alguna ocasión. Lo hizo durante siete años seguidos.

La actualidad

    El concierto de 1987, el único año de Karajan, dos años antes de su muerte, ha sido, posiblemente, uno de los más celebrados. Desde entonces los filarmónicos vieneses decidieron que cada año cambiaría el director y así viene siendo aunque algunos hayan repetido en varias ocasiones: Zubin Metha, Claudio Abbado, Ricardo Muti, Nikolaus Harnoncourt, Seji Ozawa, Mariss Jansons, Baremboim o Welser-Möst. Cada uno intenta dejar su sello personal y rasgos de humor en alguna de las obras
El rasgo diferencial de este concierto de la OSBu, “Viena en Burgos”, lo constituye la inclusión de dos partituras que, por su frescura y su innegable calidad artística, podrían verse incluidas en el concierto vienés, especialmente si algún día un director español ocupara aquel podio. Se trata de los preludios de El tambor de granaderos y de La revoltosa, del villenense Ruperto Chapí (1851-1909), dos brillantes fragmentos que cada día gozan de mayor popularidad y aceptación en Europa y América.

©2015 Enrique García Revilla

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Enrique García Revilla. PhD.
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3 Responses to Sobre el concierto de año nuevo. OSBu: Chapí y Strauss.

  1. José Luis says:

    Parece inevitable que lo que gusta a todos sea mirado desdeñosamente por los enteradillos. Y como son estos los que imponen su opinion, pasan cosas como eso de que Mahler fuese a ver repetidamente La viuda alegre… a hurtadillas. O, salvando el infinito, que servidor haya leido con mucho interés tus notas, porque no sabía nada de la historia de la familia Strauss y del Concierto de Año nuevo. También por eso tiene mucho sentido incluir zarzuela en vuestro concierto.

  2. Si está claro que a cada uno le gusta lo que quiera. Ahora bien, ¿no te ha pasado el leer críticas no negativas, sino despectivas? Yo pienso que si Baremboim, Kleiber, Mahler o Harnoncourt tienen buena opinión sobre una cosa, y yo no, tal vez pudiera ser yo el que se equivoca.

  3. Pingback: Feliz Año Nuevo | Ancha es mi casa

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