PROKOFIEV: Sinfonía Clásica. OSCyL

Notas al programa, 11 y 12 de febrero de 2016. Orquesta Sinfónica de Castilla y León.

Jean-Christophe Spinosi, director.

SERGEI PROKOFIEV (Sontskova, Ucrania, 27-IV-1891; Moscú, 5-III-1953)

Sinfonía nº1 en re mayor, “Clásica”, op. 25.

Composición: 1916-1917. Estreno: Petrogrado (San Petersburgo), 21-IV-1918; Orquesta de la corte de Petrogrado, dirigida por el compositor.

caps_sous_les_toits_de_paris_1930

Un nuevo Clasicismo con corbata y gorra antigua de béisbol.

 

Un capricho escrito con la punta de una aguja

(Berlioz, sobre su ópera Béatrice et Bénédict)

    En 1917, el año en que Rusia tuvo que abandonar la Gran Guerra europea para ocuparse de su propia revolución interna, Prokofiev ya era un buen compositor, pero sobre todo era un joven pianista dotado de un talento admirable. Hasta poco antes, su país había vivido en lo musical bajo la influencia de un cierto “integrismo nacionalista”, liderado por figuras como Balakirev, que postulaba una esencia rusa para toda la música que se compusiera sobre el solar de los Romanov. El mismo Tchaikovsky, por su abierta mentalidad y su admiración hacia Mozart, había sufrido en su juventud las consecuencias de su “traición” al arte nacional. Sin embargo, uno de los profesores que tuvo Prokofiev en el conservatorio de San Petersburgo, Nikolai Tcherepnin, tenía al parecer la costumbre poco usual de aconsejar a sus alumnos que buceasen en las obras de Haydn y Mozart en busca de conocimiento y un posible enraizamiento estilístico. La sinfonía denominada “clásica” representa la consecuencia de una mirada a los clásicos como fuente de inspiración y uno de los primeros pasos hacia el nuevo estilo musical que pasó a la historia como “Neoclasicismo”.

    Prokofiev solía componer sus obras orquestales desde el piano. Sin embargo me di cuenta de que el material temático que componía directamente, sin el piano, era, a menudo, mejor. Cuando lo transportaba al piano, me sonaba extraño en un primer momento, y era poco después, tras haberlo tocado varias veces, cuando me convencía de que sonaba exactamente como yo quería. Me intrigaba la idea de escribir una pieza sinfónica completa sin el piano. Pensaba que una obra compuesta de esta manera, habría de mostrar con mayor transparencia muchos más colores orquestales.

    Evidentemente, la orquesta posee más posibilidades tímbricas de las que puede ofrecer un solo piano. No obstante, el mismo autor no pudo resistirse a adaptar posteriormente al menos uno de los movimientos, la gavota, para este instrumento. De hecho, el registro fonográfico del compositor tocando este movimiento constituye un valioso documento en el mundo de las grabaciones históricas, entre otros motivos porque ofrece una visión absolutamente diferente de cualquier versión orquestal actual, hasta el punto de aparecer como una novedad plena de originalidad.

    Dice Prokofiev: Me pareció que sería buena idea tratar de componer en el estilo de Haydn pues, al escribir directamente para orquesta, consideré conveniente hacerlo según un esquema que me resultase familiar. Pensé, además, que si Haydn hubiera vivido en esta época, habría mantenido su propio estilo absorbiendo, al tiempo, nuevas características y elementos de la música. Ese es el tipo de sinfonía que yo quise escribir: una sinfonía en el estilo clásico.

   Precisamente por esto, el rasgo de identidad más destacable consiste en que se trata de una obra que sorprende en cada compás, pues mientras el esquema clásico está perfectamente delimitado, el discurso está continuamente invadido por elementos “que no deberían estar ahí”, y cuya presencia roza la caricatura o incluso lo grotesco. Hay cambios repentinos de tonalidad, que no parecen obedecer a ninguna lógica, como el que se produce al comienzo del primer movimiento, y que no buscan otra cosa que el desconcierto del oyente, quien ve rotos sus propios esquemas, pues en el Clasicismo este tipo de recursos serían considerados como errores de principiante. Es evidente que Prokofiev recurre constantemente al sentido del humor y que la obra, en su totalidad, es una especie de divertimento jocoso. La interpretación no suele superar el cuarto de hora, menos que la mayoría de las sinfonías del XVIII. Cada movimiento es una miniatura resultante de la inteligente explotación de un diminuto material temático. El autor exprime dicho material, lo introduce en el molde haydniano y, bien ataviado con detalles del siglo XX, nos lo ofrece como un “nuevo Clasicismo con corbata y gorra antigua de béisbol”.

    El larghetto que ocupa el segundo movimiento es una delicada broma en la que la entrada de los violines en un inesperado registro agudo da lugar a un juego con transiciones demasiado largas que, cuando, por fin, parece que van a convertirse en tema y no ya en mera transición, dan lugar a un nuevo material, noble y aseado, y a la estupefacción en el afortunado oyente que lo escucha por primera vez. Si este larghetto es un recreo para oídos adultos, la ya mencionada gavotta es, nada menos, que un juego de niños cuyas dos últimas notas solía despedir Sergiu Celibidache enviando sendos besos minúsculos a la orquesta. La sinfonía concluye con el revuelo alegre y juvenil de un molto vivace que, por su chispa y vivacidad, parece tan lleno de duendes, hadas y pequeñas criaturas fantásticas como la obertura que el adolescente Mendelssohn tuvo la ocurrencia de componer para El sueño de una noche de verano.

    No cabe duda de que la composición de una música de estas características responde a un plan personal de evasión y refugio ante la oscura situación política y social de la Europa de 1917. Parecía evidente, pues, que Prokofiev no tardaría en abandonar su país, como así fue. En 1918 se mudó a París y posteriormente a América, de donde no regresó hasta 1930.

Advertisements

About enriquedeburgos

Enrique García Revilla. PhD.
Gallery | This entry was posted in Uncategorized and tagged , . Bookmark the permalink.

3 Responses to PROKOFIEV: Sinfonía Clásica. OSCyL

  1. Pingback: El clasicismo en Rossini, Dvorak y Prokofiev | Conciertos en el Auditorio Miguel Delibes

  2. José Luis says:

    Buenísimo (también) poder escuchar como toca Prokofiev la Gavotta…

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s