Cuarta sinfonía de Schumann

Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Notas al programa

Conciertos en León, Ávila, Salamanca y Burgos. Marzo de 2017.

ROBERT SCHUMANN (Zwickau, 1810; Endenich, 1856)
Sinfonía nº 4 en re menor, op. 120
Composición: 1841 y 1851. Estreno: Düsseldorf, 3 de marzo de 1853.

   schumann La que hoy consideramos cuarta sinfonía de Schumann es, en realidad, una versión modificada de la que en su día fue su Segunda sinfonía. Había compuesto la Segunda en 1841, pero, ante la magnitud de las dudas que se presentaron en su mente tras una desastrosa interpretación, decidió no publicarla. Así pues, su segundo trabajo sinfónico quedó provisionalmente relegado a un cajón esperando el día en que su autor, con la confianza de una mayor experiencia, pudiera mejorar sus defectos. Entre tanto, Schumann compuso otras dos sinfonías, que fueron interpretadas como Segunda (1847) y Tercera (1851). Fue en diciembre de 1851 cuando se decidió a retomar la antigua e inédita partitura y, en dos semanas, creó una nueva versión de la que ahora es conocida como su Cuarta sinfonía.
Desde el Clasicismo, el público estaba habituado a mantener en su butaca una actitud participativa en virtud de la cual, no se cohibía para mostrar su agrado mediante el aplauso cuando sintiera la necesidad, sin tener que esperar al final de la sinfonía. Se permitía aplaudir, incluso, no sólo entre los movimientos, sino en el interior del espacio temporal de la música, en el caso de que un determinado pasaje hubiese logrado excitar su entusiasmo. Puede ser este uno de los motivos por los que Schumann concibió la forma final de esta obra con todos sus movimientos encadenados sin interrupción. Es evidente que otros muchos compositores habían compuesto obras de este mismo modo con anterioridad (Mendelssohn en su Segunda, Beethoven…), y que el invento de la indicación attacca para interpretar dos movimientos sin separación en el tiempo constituía un hábito que ya emplearon los pioneros de la sinfonía. No obstante, Schumann, que verdaderamente debió de ser un tipo “un tanto especial” en la vida y en el arte, diseñó una estructura sinfónica unificada en torno a una serie de motivos que, adoptando apariencias variadas, hacen acto de presencia a lo largo de la partitura. Así pues, son estos dos procedimientos, la no interrupción del discurso y el reeempleo de material motívico, los principales elementos mediante los cuales el compositor logra el sentido de continuidad de la obra.
En el primer movimiento, Schumann modela el material de la introducción lenta con que abre la sinfonía a la manera de los clásicos. No emplea temas sino motivos musicales, que varía, desarrolla y, como hará Brahms en su Segunda sinfonía, los entreteje creando una sinfonía que avanza, sin olvidar el esqueleto estructural, en forma de red, emulando tres dimensiones, anchura, altura y profundidad, más que en la forma lineal clásica de tema tras tema o episodio tras episodio.
Se cuenta que Schumann no se fiaba de la calidad individual de cada músico de la orquesta de Düsseldorf y que, por ello, no quiso otorgar solos arriesgados a ningún instrumento. De este modo, a partir del segundo movimiento, que comienza con un memorable dúo de violonchelo y oboe, cada instrumentista que quiere arrancarse con un solo se ve en seguida arropado por otros. El movimiento de masas sonoras puede constituirse, por tanto, una de las características de la música sinfónica de Schumann. El scherzo comienza enérgico, sin dejar entrever ya ni rastro de los antiguos minuetos clásicos salvo en la estructura, según la cual la sección del trio, con sus motivos legato de floreos en las cuerdas, ofrece un llamativo un contraste con la energía de la sección inicial. El oyente medio puede darse cuenta sin dificultad de cómo en la reexposición del scherzo se recapitula el tema inicial que, en lugar de servir para finalizar el movimiento (he aquí un nuevo ejemplo de la sombra de Beethoven), se va a ir desfigurando y desvaneciendo como tema musical. En ese instante, cuando Schumann ha conseguido desorientar al oído del espectador, que ya no sabe qué puede depararle el scherzo, al que supone cercano a su fin, las cuerdas sorprenden con material temático que resulta familiar, pues proviene del primer movimiento. La masa orquestal se mueve triunfante en el finale y, sin abandonar del todo esa formación en red de motivos continuamente cruzados, avanza con temas, por fin, perfectamente “silbables”, cantabiles, enérgicos y joviales, que buscarán la manera de desarrollarse, enredarse y desenredarse entre sí para dirigirse a un final glorioso.

Advertisements

About enriquedeburgos

Enrique García Revilla. PhD.
Gallery | This entry was posted in Uncategorized and tagged , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s