Beethoven: Sinfonía nº 3, -Eroica-Orquesta Sinfónica de Castilla y León

Notas al programa.

28 abril, Salamanca. 30 de abril de 2017, Fórum Evolución Burgos. 13 de mayo, León. Director: Salvador Mas.

Hay miles de príncipes, y los habrá, pero…

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

p01h79zlCuando uno trata de estudiar una mente cósmica como la de Beethoven, cualquier cosa que afirme puede implicar también que pueda afirmarse lo contrario. No existe una explicación al fenómeno Beethoven si no es en los términos del misterioso genio de un hombre que es capaz de unificar todas las contradicciones en una entidad única y perfecta. (Leonard Bernstein)

 Sinfonía nº3 “Heroica” en mi bemol mayor.

Composición: 1803. Estreno: Viena, 7 de abril de 1805.

            La esquematización un tanto simplista, pero generalmente aceptada, del estilo de Beethoven en tres etapas, fue anotada por varios teóricos desde fechas muy tempranas, prácticamente tras el fallecimiento del compositor. Uno de ellos, Lenz, escribió en 1852 un influyente opúsculo titulado Beethoven et ses trois styles, con el que dicha categorización quedó establecida para la posteridad. Según estos teóricos (Schlosser, Fétis y Lenz), tras una primera etapa de corte clásico en su juventud y tras la dolorosa asunción de su patología auditiva, el autor penetra en 1802 en un nuevo camino en la música. Acepta la máxima de que el arte, como la vida ‒como su vida‒ no debe ser perfecto en el plano armónico, ni simétrico, ni siempre amable. Concibe en este momento la idea romántica de la música como extensión del propio periplo vital y, de este modo, sus partituras comienzan a poblarse de arrebatos y de sobresaltos, de acentos en lugares inesperados que, si bien ya formaban parte de su primer estilo, ahora se multiplican y alcanzan el grado de brusquedad. La Heroica ‒o Eroica‒ se abre con dos golpes orquestales que debieron de resultar, cuanto menos, incómodos a los oídos de aquellos vieneses que se habían acomodado en la amabilidad de Haydn. Un larguísimo primer movimiento que él solo supera en extensión a numerosas sinfonías clásicas, surge a partir de una sencilla célula consistente en un acorde desplegado de mi bemol mayor. Desde entonces, dicha tonalidad fue considerada como el tono más adecuado para música de carácter “heroico”.

            El elemento que tal vez ha contribuido en mayor medida a la generalización a un nivel popular de numerosas obras de Beethoven ha sido el detalle de otorgarles títulos poéticos. Esto explicaría el motivo por el que ciertas partituras que se encuentran entre lo más destacado de su producción no han alcanzado ese grado de popularidad de otras que sí llevan un título. En este sentido, la anécdota del título de Heroica de esta tercera sinfonía no quita mérito a la obra en sí, pero contribuye considerablemente a la fama que hoy conserva. Es conocido el dato de que Beethoven, imbuido del espíritu revolucionario, la dedicó en un primer momento a Napoleón Bonaparte, pero que rompió la portada con su dedicatoria cuando recibió la noticia de que este se había autoproclamado Emperador, cambiando el título a Sinfonía Heroica, a la memoria de un gran hombre. Y, en efecto, el homenaje al héroe adopta la apariencia de marcha fúnebre en un segundo movimiento que, en función del halo con que quiera vestirlo el intérprete, guarda la opción de surgir bien con tristeza sencilla y sincera o bien con una terrible desolación, y en el que dos gloriosos interludios introducen un luminoso rayo esperanza y de fe tanto en Dios como en el ser humano.

            Finalmente, con la factura del finale, Beethoven logra en este monstruo de sinfonía un inesperado equilibrio con el brioso primer movimiento. Para ello, dota a la partitura del componente melódico en tempo rápido que le faltaba. ¡Y de qué manera! Si bien el allegro con brio era una caracterización del héroe cabalgando, golpe tras golpe, sobre puro ritmo, sin melodías de suficiente entidad como para poder ser silbadas y cantadas por las calles, la sinfonía va a finalizar con un tema desarrollado en magistrales (Hay miles de príncipes, y los habrá, pero Beethoven solo hay uno) variaciones sobre una melodía clara y sencilla que, desde el día en que nació en el palacio del príncipe Lobkovitz, estaba llamada a ocupar uno de los lugares de honor en el olimpo de las melodías eternas.

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Enrique García Revilla. PhD.
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