Joaquín Rodrigo: Concierto de Aranjuez

Notas al programa Orquesta Sinfónica de Burgos. 19 de diciembre de 2021

JOAQUÍN RODRIGO (Valencia, 1901; Madrid, 1999)

Concierto de Aranjuez

Composición: 1939. Estreno: Barcelona, 1940. Solista: Regino Sainz de la Maza.

No podrá saberse si el maestro saguntino nacido el día de Santa Cecilia de 1901 habría dedicado su larga vida a la música si no hubiese perdido el sentido de la vista a los tres años, hecho, por otra parte, que no era especialmente inusual en tiempos pasados cuando de difteria se trataba. Cuando al maestro Rodrigo se le preguntaba si recordaba cómo era el mundo desde el punto de vista visual, respondía que en su memoria se había grabado la luz e incluso el color azul. A los ocho años comenzaron sus estudios de música, que lo atraparon de por vida.

            Rodrigo componía gracias a la aplicación del sistema braille a la escritura musical. Una primera pieza para guitarra, Zarabanda lejana, inspirada en la música para vihuela del siglo XVI español le llevó a ganar un reconocimiento nacional que devino en internacional gracias a un buen puñado de piezas, entre las que destaca Preludio al gallo mañanero para piano, obra de espíritu vanguardista que fue admirada en París por Dukas, Ravel y Falla entre otros. En aquel ambiente parisino también llamó la atención de una joven pianista sefardí de nacionalidad turca que no tardaría en convertirse en su esposa. Victoria Kamhi, desde entonces, fue no sólo su acompañante, sino también su guía, su intérprete y su copista.

            En el verano de 1938 acababa de abrirse en Santander la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que invitó a la pareja a ofrecer tres conferencias. Antes de regresar a su casa en París se produjo un encuentro trascendental con Regino Sainz de la Maza. Este, que conocía bien las obras para guitarra del autor, le propuso la composición de un concierto para guitarra y orquesta, una idea que abrasó la mente de Rodrigo y lo tuvo en ascuas hasta la víspera misma del estreno.

            Regresó definitivamente a España al finalizar la Guerra Civil con un contrato en Radio Nacional bajo el brazo, la partitura en braille del Concierto de Aranjuez y la promesa de Regino de estrenarlo lo antes posible. Dicho estreno tuvo lugar el 9 de noviembre de 1940 en el Palacio de la Música Catalana. Un mes más tarde se estrenaba también en Madrid.

            Un primer movimiento cargado de picaresca, de frescura rítmica y melódica, de magia granadina y de la nostalgia por una decadente corte imperial, enmarca junto al tercero, un allegro gentil de formas graciosas y de acentos juguetones, semejante en carácter al Goya de El quitasol, enmarca, decía, con neoclásica simetría al especial movimiento central, en el que la melodía es la protagonista absoluta. Rodrigo y Victoria indicaron que se trataba de una especie de dolorosa plegaria, semejante a una saeta de Semana Santa, por la muerte de su primer hijo antes de su nacimiento, plena de contrastes dialécticos entre oscuridad y luz, al final de la cual, con la subida al cielo de la criatura, la familia queda en paz.

            La partitura presenta el lenguaje más característico del autor. Alejado de las intenciones vanguardistas de sus primeros años, el joven autor se interesó por ofrecer una nueva voz a las glorias de nuestro pasado musical. Puso su intención en los músicos españoles desde el Siglo de Oro, se inspiró en la España borbónica y goyesca de majas y manolos y, en especial, trató de reflejar el puñado de sensaciones que en un ciego provoca el paseo por los jardines de Aranjuez: El aroma de los magnolios, el canto de los pájaros y el sonido de las fuentes. El gran problema al que se enfrentó consistía en que el timbre de la guitarra es, por naturaleza, extremadamente velado al confrontar con la orquesta, por lo que esta debe, en la medida de lo posible, reducir sus dimensiones para no tapar al solista. Es célebre el intercambio de dudas y miedos de Rodrigo y Regino al respecto la víspera del concierto. En la actualidad el problema sigue vivo y los guitarristas tratan de solventarlo aplicando una amplificación a su instrumento que, en numerosos casos, resulta excesiva y, por tanto, antinatural. El Concierto de Aranjuez como ente vivo, aún no ha asumido que tendrá que convivir con solistas y directores sensibles al tiempo que con amplificaciones desequilibradas.

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Enrique García Revilla
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