Argumento de El mozo de mulas, ópera de Antonio José

 

ARGUMENTO DE EL MOZO DE MULAS, DE ANTONIO JOSÉ

EL MOZO DE MULAS, ópera en tres actos de Antonio José (1902-1936)

Libreto de Manuel F. Fernández-Núñez y Lope Mateo, basado en un episodio del Quijote.

La orquestación de las escenas VI a XII del segundo acto, que quedó sin finalizar tras la muerte del compositor, fue completada por Alejandro Yagüe en 1986.

Composición: 1927-1930.

Estreno en versión concierto: 12 de noviembre de 2017.

Fórum Evolución, Burgos.

Alicia Amo (doña Clara), Pancho Corujo (Don Luis)

Coro de la Federación de coros de Burgos.

Orquesta Sinfónica de Burgos. Dir.: Javier Castro

Dña. Clara Saiz Manrique

Doña Clara (2017). Técnica mixta. Pintura de SÁIZ MANRIQUE realizada para ilustrar el estreno de El mozo de mulas.

Acto I

            En un pueblo de La Mancha se escucha una canción nocturna de ronda. Al alejarse dicha rondalla un joven, don Luis, se lamenta por su amor no correspondido hacia su vecina doña Clara, hasta que desde el balcón de esta le es lanzado un billete en el que él lee con júbilo la declaración de amor de ella. Doña Clara se asoma al balcón y se confiesan sus mutuos sentimientos. Convienen una nueva cita en la venta de la primera parte del Quijote, lugar en el que, de camino a Andalucía, ella pernoctará con su padre, el oidor. Con el fin de no ser reconocido, don Luis indica que se disfrazará de mozo de mulas. Tras despedirse, surgen unos pícaros que lo golpean y saquean. Cuando el alcalde acude al alboroto, los pícaros han huido y arrestan a don Luis, que presenta entonces su condición de noble al identificarse como don Luis de Vargas y Escalante.

Acto II

            En el patio de la venta tienen lugar una serie de escenas de costumbres de las gentes que allí se hallan hospedadas. Unos estudiantes cortejan a varias mozas, entre ellas la Chacona, quien igualmente tontea con ellos. De súbito se organiza una algazara entre un grupo de hombres que persiguen a unas mujeres reclamando el pago de alguna deuda de juego. Para solucionar el asunto, los estudiantes se erigen en jueces de un litigio que no es sino una pantomima para conseguir algunos doblones. El follón se acrecienta, pues nadie reconoce autoridad en los estudiantes como para acatar su fallo. Es en este momento cuando don Luis, disfrazado de mozo de mulas, hace su entrada en el patio e impone silencio indicando que él mismo cargará con todos los pagos. Se presenta como mozo de mulas y la alegría regresa al patio de la venta con una danza popular. El amante de la Chacona, Antón Pintado, conviene con Luis en ayudarle en su empresa amorosa.

            El encuentro entre don Luis y doña Clara tiene lugar al amanecer. Ella le hace conocedor de su lucha interna ante la disyuntiva de rendirse al amor o de permanecer en la obediencia que debe a su padre, el oidor. Ante las hermosas palabras de don Luis, Clara cede.

            Ya amanecido, arriban a la venta los criados de don Álvaro, el padre de don Luis, quienes le andan buscando. Un estudiante beodo revela que los amantes se han fugado. El oidor, que lo escucha, manda inmediatamente a buscarlos. Se cierra el acto con nuevo cuadro de costumbres protagonizado por los estudiantes, que hacen mofa del ventero cuando este les reclama el pago de la posada y terminan moliéndolo a palos.

Acto III

            Un grupo de mendigos acude al convento de las Clarisas, donde les es procurado alimento. El oidor, que consiguió atrapar a su hija huida, se dispone a enclaustrarla allí para que purgue su culpa. Mientras expresa su dolor por la desobediencia de Clara, Chacona muestra al público que es ella, disfrazada de doña Clara, quien va a ingresar en el convento, de donde escapará al cabo con la ayuda de Antón Pintado. El oidor, que no sospecha el engaño, habla con don Luis y el padre de este, don Álvaro, quienes tratan de convencerle para que perdone a su hija. Don Álvaro se muestra indulgente con los jóvenes, pues reconoce su sincero amor. Pero el oidor, ante el honor ultrajado, se niega en rotundo a doblegar su altivez. Chacona penetra finalmente en el convento. Doña Clara se lamenta y vuelve a manifestar compunción por haber desobedecido al padre, mas en posterior dúo con don Luis este le hace ver que el triunfo de amor es ineludible. Juntos huyen. De acuerdo con el plan trazado, Antón Pintado rescata a Chacona de los muros eclesiásticos con gran alboroto, ante lo cual las monjas se llevan tal susto que, puesto que creen haber visto y oído fantasmas, piden favor al Santo Oficio. Acuden al lugar varios inquisidores para tratar de dilucidar qué hay de verdad en ello. El coro será el encargado de desvelar que se trataba de la hija del oidor quien escapó del claustro para mayor gloria del amor.  En el cuadro mímico final, el oidor y don Álvaro se resignan a la boda de sus hijos, con don Quijote, espada en ristre, como testigo y la bendición del cura.

©2017Enrique García Revilla

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Enrique García Revilla
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