SANTIAGO LANCHARES: Cantos de Ziryab (2018)

SANTIAGO LANCHARES (Piña de Campos, Palencia, 1952)

Cantos de Ziryab (2018)

Notas al programa. Orquesta Sinfónica de Burgos. Octubre, 2022.           

Santiago Lanchares no es, ni mucho menos, un desconocido para los aficionados a la música en España, especialmente para los oyentes de aquella añorada Radio Clásica de los años noventa, aunque quizá sí lo sea para buena parte de los auditorios sinfónicos debido a que su música apenas se programa. De hecho, en la actualidad es uno de los compositores de corte académico más respetados y, con Cantos de Ziryab como muestra, sus obras están a la altura de las de cualquiera de los más importantes autores de nuestro país del último medio siglo.

            Santiago Lanchares nos asombra en Cantos de Ziryab con un viaje melódico y espiritual hasta la Persia legendaria, con guiños a nuestro Medievo europeo, a las cadencias barrocas o al flamenco. (José Luis Temes)

LUDWIG DEUTSCH (1855-1935): Músico en interior oriental

            Cantos de Ziryab es una suite sinfónica en cuatro cuadros expresivos, cada uno de los cuales posee un título evocador en torno a la figura del poeta-músico protagonista, el persa Ziryab. Fue este un ciudadano del Bagdad idealizado en Las mil y una noches, contemporáneo de la redacción del núcleo de relatos principales de dicho libro. Artista y músico de aquel siglo IX, su legado fue preservado y sin duda ensalzado, del mismo modo que su figura, a la que se atribuyen todo tipo de saberes y descubrimientos. Con todo, de él se conoce que debió de escapar de su tierra perseguido por los poderes abasidas para refugiarse y establecer una floreciente carrera en la Córdoba del omeya Abderramán I. En lo que a música se refiere, trajo consigo la influencia persa, que cristalizó en un tipo de composición tanto instrumental como vocal, de unión íntima entre música y poesía, en la que las melodías poseían unos característicos esquemas interválicos y microinterválicos y se apoyaban en variados instrumentos de percusión. En realidad, el intervalo inferior al semitono formaba parte de la tradición occidental ya desde el tiempo de los griegos (lo que no existía en el siglo IX era, precisamente, el actual temperamento igual), pero con Ziryab, el canto litúrgico mozárabe y la monodia de las comunidades judías tienden a converger en un tipo de canto en cuyo arabesco quejido se ha querido ver el origen de la expresión cantada del flamenco jondo.

            El ambiente músico poético que Lanchares quiere reflejar se asienta sobre la base evocadora de aquel Ziryab y su viaje desde Persia hasta Al-Ándalus, y se enriquece con la convergencia de elementos musicales de las tres religiones en la exposición de citas frecuentes, algunas de ellas tan bien mimetizadas que su localización supone un ejercicio de erudición. Evidentemente, su música se sustenta en la teoría occidental. El exotismo consiste en que se deja permear por coloristas y sugerentes elementos orientalizantes, al servicio de los cuales dispone un sabio e intuitivo manejo de la paleta orquestal. En este sentido Cantos de Ziryab es el equivalente musical a obras de otras artes como Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, o a la pintura orientalista de Mariano Fortuny.

MARIANO FORTUNY (1838-1874): Tribunal de la Alhambra

            El primer movimiento, Cadencia andaluza, nos sitúa en una atmósfera de palacio andalusí antiguo, mediante un animado despliegue rítmico y, en especial, mediante el dominio de la melodía en los solistas de viento. Camino de Al-Ándalus corresponde a una descripción casi pictórica, gracias al movimiento acompasado de los pizzicatos, de una caravana que avanza cadenciosamente a ritmo regular. Los diferentes instrumentos que toman la melodía parecen evocar a cada uno de los personajes que forman parte  de dicha comitiva. Desde el punto de vista tímbrico, se trata de una filigrana orquestal de altísima inspiración que fantasea con lo mejor de aquellas nubas andalusíes que se interpretan en el norte de África, de melodías al unísono sobre base rítmica, y lo estiliza mediante los numerosos recursos de que dispone una orquesta sinfónica. Con el diminuendo final la caravana se aleja del punto de vista del espectador, que no sólo ha escuchado, sino que también ha visto la pintoresca procesión. El jardín de Ziryab recoge como material melódico varias cantilenas de arcaico color modal, precisamente para potenciarlas con la gama cromática que ofrecen cuerda, viento y pequeña percusión. Mediante su compartimentación en diferentes secciones, el autor evoca diversos argumentos, como si fueran los distintos cuentos de una recopilación al estilo de los de Washington Irving o los de Las mil y una noches. En Llegando a Córdoba, que se reviste de reminiscencias heroicas en toques del viento metal, las diferentes intervenciones de los instrumentos melódicos, floridas y melismáticas, estimuladas por la insistente percusión, insinúan la llegada del protagonista a una gran urbe plena de movimiento y animación.

            Por todo ello, Cantos de Ziryab constituye la plasmación de una idea brillante a través de otras buenas ideas bien manejadas, que, por añadidura, como agradable descubrimiento, en pleno siglo XXI, basa su existencia en una extraordinaria belleza estética.

Enrique García Revilla

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